lunes, 5 de marzo de 2012

Violencia Médica

Al cumplirse 25 años de la declaración oficial del supuesto descubrimiento del virus del Sida, es útil recordar algunas lecciones del pasado

 En un artículo del Dr. Luis Carlos Restrepo (1), titulado “Violencia médica” (2), en el que como él dice “no se trata de la violencia que llena los titulares de los periódicos sensacionalistas, sino de la amplia gama de violencias implícitas, silenciosas, que anida en la dinámica propia de las instituciones”, se narra un suceso que sobrecoge y hace reflexionar, se trata de la patética historia del Dr. Semmelweis y los estragos de la fiebre puerperal.
Hacia 1840, en los grandes hospitales europeos, como los de París, Londres, Milán y Viena, existía una gran mortalidad por fiebre entre las mujeres que acababan de dar a luz, (fiebre puerperal), sin que se supiese cómo atajarla. Tanto es así que llegó a alcanzar la cifra de 33 muertes por cada 100 alumbramientos en 1842 en el Hospital de Viena.
Periódicamente se nombraban comisiones para estudiar el fenómeno y “después de sutiles conceptos y sinfonías verbales, se volvía a la grey oficial, como si la enfermedad, por fuerza, hubiera de pertenecer al orden de las catástrofes cósmicas inevitables”.
En una de estas comisiones se llegó a acusar a la leche de ser la causante y el Colegio Médico de París logró que se propusiera al rey, como remedio contra la epidemia, la clausura de todas las maternidades y el destierro de las nodrizas. “Alrededor de la fiebre puerperal todo era incoherente y contradictorio. Ninguna de las soluciones propuestas había dado resultado. Frente al terrible flagelo no parecía existir resquicio de esperanza”.
Así las cosas, en febrero de 1846 es nombrado como profesor ayudante de la Primera Clínica Obstétrica de Viena, Felipe Ignacio Semmelweis, médico húngaro que conseguiría una espectacular reducción en la mortalidad por estas fiebres, gracias a la introducción en la práctica médica de una sencilla medida: el lavado de manos.
Y es que hay que aclarar que, aunque esta simple práctica de higiene nos parece hoy día de sentido común, en aquellos tiempos constituía toda una revolución. Debemos tener en cuenta que aún faltaban 20 años para que Luis Pasteur demostrara la existencia de los gérmenes, microorganismos causantes de las enfermedades infecciosas y todavía algunos años más para que se inventasen las técnicas de desinfección.
Semmelweis
observó que, dentro de la rutina hospitalaria, los médicos pasaban directamente de manipular con sus manos los cadáveres en la sala de autopsias, a examinar a las mujeres que estaban a punto de dar a luz. Al mismo tiempo, observa también que las mujeres a las que sobrevenía el momento del parto lejos del hospital y tenían que parir fuera de este, casi siempre se libraban de las fiebres.
Sin tener todavía claro por qué, decide obligar a los estudiantes a lavarse las manos antes de acercarse a las embarazadas y a pesar de que la medida era insólita en aquella época, decide instalar lavabos a la entrada de las salas donde estas se encontraban.
Al día siguiente Semmelweis es fulminantemente destituido. Semmelweis creía que la causa de la fiebre puerperal “eran “las partículas cadavéricas, transmitidas por los dedos de médicos y estudiantes desde los cadáveres hasta los genitales de mujeres encintas, sobre todo hasta el cuello uterino”. Como estas partículas sólo era posible reconocerlas por el olor, de ahí la práctica del lavado de manos, “para desodorar las manos”.
Meses más tarde Semmelweis es reincorporado a la planta del hospital, permitiéndosele poner en práctica la “desodorización”. Al mes siguiente de poner en práctica la medida, la mortalidad desciende al 2,38%, es entonces cuando decide generalizar la práctica del lavado de manos a todo el personal, hubiera o no tocado cadáveres. A la semana siguiente, por primera vez en la historia, la mortalidad por estas fiebres se hizo casi nula.
Y bien, cabría esperar que de alguna forma se reconociese a Semmelweis su labor, pero no, por extraño que parezca la mayoría de sus colegas se mostraron contrarios al nuevo método. El dogmatismo y la inercia pudieron más que las evidencias y Semmelweis es destituido por segunda vez en 1849. Morirá 25 años más tarde, loco y solitario, sin que su labor sea reconocida. Y todavía después de su muerte, deberán pasar 40 años para que su memoria sea rehabilitada.
Al cumplirse ahora precisamente 25 años del anuncio oficial de la llamada “pandemia del Sida”, 23 de abril de 1984, recordando lo acontecido con Semmelweis, inevitablemente acuden a la mente algunas reflexiones
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Después de 25 años de “sutiles conceptos y sinfonías verbales”, la impotencia de la ciencia y falta de esperanza en una solución al Sida que no sea la intoxicación crónica de las personas que han resultado positivas en el test de VIH, son análogas a lo que sucedía con la fiebre puerperal, lo son también las incoherencias y contradicciones, ¿Estamos también ante una “catástrofe cósmica inevitable” o estamos cometiendo también un error básico en nuestra concepción del problema?
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Al igual que sucedía hace más de 150 años, los médicos hospitalarios se limitan también hoy día a cumplir, de un modo acrítico, con los protocolos vigentes. No parece preocupar demasiado que mueran personas, siempre que lo hagan “dentro del protocolo”. Sigue siendo más conflictivo para un médico hospitalario salirse del protocolo establecido, que la propia mortalidad. De los efectos tremendamente nocivos de un diagnóstico que priva a las personas de su esperanza en el futuro y de los efectos letales de un tratamiento incompatible con la vida a medio-largo plazo, carga siempre con la culpa el virus (3).
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Lo que lleva a Semmelweis a sospechar la posible causa del la fiebre puerperal es, entre otras cosas, la observación de que las parturientas que no parían en el hospital, casi siempre se libraban de las fiebres. Causa estupor que en nuestros días los médicos especialistas no concedan mayor atención a lo que sucede con los llamados “supervivientes de Sida de larga duración” (4) y con los llamados “no progresores de larga duración”. Parece ser que en su inmensa mayoría estas personas no utilizan las medicaciones “antirretrovirales” y si bien pudieran haberlas usado en el pasado, han abandonado definitivamente su uso. Y es que de la misma forma que las parturientas que parían en la calle se libraban de exploraciones contaminantes, estos supervivientes de Sida, al igual que los que no desarrollan Sida en muchos años, al no tomar los antivirales, se libran de medidas que según lo que los propios médicos aprenden en las facultades, son francamente inmunosupresoras, como son los productos de quimioterapia de cáncer usados como antivirales, (AZT, Ddc, Ddi, 3TC, D4t, etc.), capaces de producir Sida por sí mismos (5).
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De la misma forma que el llamado “biopoder”, en tiempos de Semmelweis, se concentraba en los médicos de los grandes hospitales europeos, hoy día sucede los mismo en la ciencia oficial del Sida: un grupo influyente de científicos y médicos, a pesar de su gran mediocridad y gracias a su conexión con las esferas de poder, (instituciones de salud pública, industria farmacéutica, etc.), determina las pautas a seguir. “Ellos llaman ciencia a lo que se publica en las revistas -y medios en general, se podría añadir- pero lo que se publica en las revistas está escrito por ellos”, según el Dr. Kary Mullis, Nóbel de Química del 1993 por la invención de la PCR. Este sector de científicos, y quien les apoya, con su inmovilismo y prácticas de censura, impiden el progreso científico y la superación del problema. Recordemos que el Dr. Nájera y otros expertos oficiales del Sida en España censuraron hace años la emisión de un documental (6) en la 2, emitido en seis países europeos, por contener opiniones científicas discrepantes con la posición oficial. ¿Expertos en qué, si no saben defenderse con argumentos y deben recurrir a la censura?
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Salvando el tiempo que separa estas dos situaciones médicas, la fiebre puerperal en su día y el Sida hoy, ¿Han cambiado las actitudes básicas por parte de la ciencia médica? Todo parece indicar que no, desgraciadamente. La actitud que se está teniendo con Peter Duesberg, Roberto Giraldo, Heinrich Kremer y muchos otros científicos que discrepan de la explicación dada oficialmente acerca del Sida, no parece variar mucho con la mantenida en su día con respecto a Semmelweis, por mucho que cueste admitirlo. Esta es una de las explicaciones más coherentes al hecho de que no encontremos solución viable al problema de la inmunodeficiencia adquirida, (un viejo problema médico que ha sido rebautizado en la actualidad como Sida, añadiendo y quitando elementos y mediante la introducción de numerosas suposiciones que nadie ha probado de modo riguroso).

La hipótesis VIH-Sida, como hipótesis científica, no sirve como instrumento de trabajo, al ser incapaz de explicar las numerosas contradicciones de este peculiar síndrome, así como de predecir mínimamente tanto el curso de la epidemia como las expectativas de vida de los supuestos infectados, todas las predicciones han resultado ser escandalosamente erróneas, afortunadamente. Tampoco sirve para prevenir y/o curar. Por otra parte, el modo como se aplica en la práctica es muy peligroso, por lo que urge proceder a su revisión cuanto antes.

Por otro lado, parece cada vez más claro que el Sida pasará a la historia como un desgraciado ejemplo de lo que jamás debió hacerse y si bien se ha trazado una pequeña analogía con lo sucedido con la fiebre puerperal hace más de 150 años, lo cierto es que, como error médico y como ejemplo de “yatrogenia”, (problema de salud provocado por la propia actuación médica), el Sida no tiene precedentes en la historia médica. Y cuanto antes lo reconozcamos, mejor, ahorraremos gastos innecesarios y sobre todo, ahorraremos sufrimientos y vidas.

Manuel Garrido Sotelo

Santiago 23 de abril de 2009

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(1) Médico psiquiatra, filósofo, profesor de la Universidad Javierana y autor de los libros “Libertad y locura” y “La trampa de la razón”.
(2) Revista de Medicinas Complementarias “Medicina Holística” nº 39.
(3) Existen numerosas evidencias científicas en contra de que un virus sea el causante del Sida. Ver libro “Inventing the AIDS virus”, del Dr. Peter Duesberg, profesor de Biología Molecular de California Berkeley, con más de 1500 referencias científicas, donde se expone el tema con claridad y rigor.
(4) Ver libro de Michael Callen, “Surviving AIDS”, un estudio hecho en supervivientes de Sida de larga duración, personas que habían sobrevivido 5 años o más, tras el diagnóstico de Sida.
(5) Peter Duesberg llama al AZT, “Sida por prescripción facultativa”. En el libro de John Lauritsen “Poison by prescription”, se exponen las múltiples irregularidades que rodearon la aprobación por parte de la FDA del AZT como fármaco contra el Sida. El AZT y otros fármacos, como el Ddc, Ddi, etc., son fármacos de la misma familia química, “análogos nucleósidos”, una subdivisión dentro de la clasificación de los fármacos de quimioterapia del cáncer. El moderno cóctel consta de dos de estos fármacos más un llamado inhibidor de proteasas.
(6) El vídeo “Sida, la duda” del director francés Djamel Tahi, no llegó a emitirse, dentro
del programa “Sida, la esperanza”, de “la noche temática” del 27-10-96.

EL MITO DEL SIDA EN AFRICA Una aproximación objetiva a la realidad del Sida en África

Se habla mucho del Sida en África, es un hecho asumido por todos como algo incuestionable. En ciertos medios, donde en relación al Sida parece imperar aquello de “más solidario cuanto más catastrofista”, puedes ser tachado de insolidario si, incluso teniendo datos en que apoyarte, se te ocurre ponerlo en duda.
Sin embargo, nada más irreal que la idea de todo un continente devastado por la epidemia que nos quieren vender, aunque sólo sea por el hecho de que en todos esos países africanos, que dicen que están siendo diezmados por el Sida, se registra aumento de población.
Hace años el biólogo molecular Harvey Byaly, exdirector de la revista “Biothechnology” y especialista en enfermedades africanas, dijo algo que resume muy bien la situación: “Para que te diagnostiquen de Sida en África, sólo tienes que tener diarrea crónica, estar desnutrido e ir a un hospital equivocado, es decir, un hospital que reciba fondos de alguna augusta fundación, de las muchas que existen para la lucha contra el Sida, en cuyo caso los médicos estarán muy interesados en difundir esa mentalidad”.
El hecho clave, ignorado y omitido por sistema cuando se aborda el tema, que basta por sí mismo para crear dudas sobre todas las valoraciones acerca del Sida en ese continente, es que en África puede diagnosticarse el Sida sin necesidad de hacer el test de VIH.
Mientras que en Occidente, para un diagnóstico de Sida, se precisa un resultado positivo del test y el desarrollo de una al menos de 29-30 enfermedades, en África no es obligatorio hacer el test, lo que quiere decir ya de entrada que los médicos y autoridades sanitarias pueden atribuir enfermedades y muertes al virus del Sida sin temor a contradecirse.
No resulta fácil de creer y menos fácil de creer aún es que sea precisamente la Organización Mundial de la Salud (OMS), la institución de política sanitaria con más peso e influencia a nivel mundial, quien así lo haya estipulado.
Por la llamada “Definición de Bangui”, resolución adoptada la capital de la República Centroafricana, (recogida en el “Informe Epidemiológico Semanal de la OMS” 1986:61:69-76), el organismo de la ONU estableció unas normas, a todas luces impresentables desde cualquier punto de vista, para el diagnóstico de Sida sin tests. Brevemente, basta con tener 10% o más de pérdida de peso, trastornos de crecimiento, fiebre de un mes o diarrea de un mes.
Con las enormes limitaciones económicas que hay para hacer tests y dada la fuerte presencia de estos síntomas en la población africana, por el hambre, las guerras, las malas condiciones higiénico sanitarias y males endémicos, como la malaria o la disentería, se puede uno imaginar que media África está siendo arrasada por el Sida. Pero este Sida poco o nada tiene que ver con una nueva epidemia causada por un virus, sino con lo que ha ocurrido toda la vida en África. En suma, podemos decir sin miedo que en África el Sida se diagnostica “a ojo”.
Si tenemos en cuenta que, según la OMS, que es el referente máximo al que se remiten los medios cuando se trata de dar estadísticas sanitarias, el 80% de la epidemia mundial de Sida se localiza en África, siendo la situación allí como se acaba de exponer, podemos suponer qué queda al final de la famosa “epidemia mundial de Sida”. Si a esto añadimos que el Sida incumple las mínimas condiciones que debe reunir una epidemia para ser considerada como tal, como es el crecimiento exponencial en la población no inmunizada, típico de la aparición de microbios nuevos para los cuales no existe vacuna ni tratamiento, (como es el caso del supuesto virus VIH), debemos concluir que no existe ninguna epidemia, ni mucho menos mundial de Sida.
Ahora bien, ¿Por qué toda esta manipulación? ¿A qué viene inventarse una epidemia de Sida en África que no existe? Muy sencillo, cuando a mediados de los 80 se anuncia en los EE UU la existencia de una epidemia de Sida que se propaga heterosexualmente, hasta un niño podía ver que afectaba casi exclusivamente a hombres, cosa que sucede aún hoy en los EE UU y en Europa, en donde el 92% y el 86% de los casos son hombres. Esto no podía ser, había que hacer algo, así que con la invención del Sida africano, afectando por igual a hombres, mujeres y niños, (el hambre y la malaria no saben de sexos ni de edades), se tenía lo que se necesitaba para poder hablar de transmisión heterosexual, con lo que de repente todos estábamos en peligro y los presupuestos se remontarían.
Había también otros intereses como la venta a los países africanos de los tests del Sida y tóxicos como el AZT que ya empezaban a ser rechazados.
Recientemente ha cobrado actualidad en los medios la lucha que desde hace un tiempo lidera Sudáfrica contra las multinacionales farmacéuticas, para conseguir el abaratamiento del precio de los llamados “medicamentos esenciales”, aquellos fármacos necesarios para tratar los problemas más básicos, desde las aspirinas a los antibióticos para tratar la tuberculosis, la malaria, etc.
Esta batalla ha sido sutilmente manipulada en los medios, haciéndose hincapié en la demanda de unos fármacos para el Sida más baratos, que lleva implícita la idea de una epidemia de Sida galopante en Sudáfrica, (casualmente el país con mayor potencial de crecimiento económico del área). Al mismo tiempo se silencian otras cosas, como que Thabo Mbeki, el presidente de Sudáfrica, un hombre muy bien informado y que sabe muy bien lo que hace, manifestó su intención de no destinar dinero para comprar unos fármacos tóxicos, inútiles y caros –aunque se los vendan a precios regalados- pudiendo destinarlos a erradicar las enfermedades de la pobreza
Hace poco la prensa informaba de la reunión en Chicago sobre fármacos antivirales, en la que las autoridades sanitarias americanas recomendaron que se retrasara en lo posible la aplicación de los llamados “cócteles antivirales”, en base a “sus efectos tóxicos y potencialmente letales”, (El país, 6-2-2001), después de afirmar durante años que con ellos “podía convertirse la enfermedad en crónica” y cuando hasta entonces la estrategia consistía en “atacar fuerte y rápido”.
Queda todavía lo más importante: todos los que han profundizado un mínimo en el tema del Sida saben que hoy en día está todo muy en el aire en lo que se refiere a su validez científica, (desde hace años cientos de investigadores de todo el mundo plantean serias dudas que alcanzan aspectos tan elementales como la propia existencia del virus VIH).
En este sentido, Sudáfrica es el único país del mundo que busca una salida al Sida basada en criterios mínimamente objetivos, de hecho la primera acción de su presidente, por la que tuvo que soportar la histeria e insultos en su país y fuera de él, fue promover un auténticco debate científico para despejar estas cuestiones. Mbeki quiso que en los debates estuvieran presentes los defensores del modelo VIH y al mismo tiempo oír lo que los científicos disidentes, censurados en el mundo occidental, tenían que decir. En estos debates se decidió, de común acuerdo, verificar la validez de los llamados tests de VIH, con lo que eso implica: la verificación de que el virus puede aislarse en los enfermos. De esto no hablan nada los medios.
De lo que no hay duda es de que en África el miedo al Sida tiene dimensiones realmente epidémicas, al punto de que la población evita ir a los hospitales, vista la gran facilidad con que la catalogan de Sida, lo que supone el total aislamiento por parte de sus convecinos, según declaraciones de médicos africanos a la periodista británica Joan Shenton.
Lamentable que muchas ONGs, en una actitud calcada a la del más fanático e interesado activismo antisida, exijan para África, ahora más baratos, esos fármacos tóxicos y caros que Occidente rechaza, viviendo del “maná” de las subvenciones, provenientes en parte del bolsillo del contribuyente, en el vano intento de combatir una epidemia fantasma, que en realidad sólo sirve para ocultar grandes intereses económicos, oscuras políticas de control demográfico y para encubrir los problemas reales de África.
Con todo, aún nos queda mucho que aprender de los africanos, por lo menos de algunos.

Sobre la existencia del virus vih

EL VIRUS VIH

1- ¿Por qué los científicos dudan de la existencia del virus VIH?
¿Ha sido aislado el virus VIH?
2- ¿De donde proceden entonces las “fotos del virus VIH” que nos muestran?

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1- ¿Por qué los científicos dudan de la existencia del virus VIH?

Antes de abordar el tema es preciso hacer una aclaración, cuando decimos “porqué los científicos dudan…”, nos referimos a aquellos científicos que lo son, es decir, a aquellos que se hacen preguntas lógicas y buscan respuestas basadas en pruebas científicas, no a aquellos que reciben su paga mensual a cambio de hacer “investigación sobre el VIH”.
Volviendo a la pregunta, ¿Por qué dudan los científicos entonces? Pues por la simple razón de que nadie hasta la fecha ha visto al VIH, ni en los enfermos, ni en ningún otro lado, es decir, no tenemos ninguna prueba o evidencia de su existencia. No existe ni una simple fotografía del supuesto virus VIH al microscopio electrónico tomada de la sangre de ningún ser humano. Este hecho fue reconocido hace años en la Conferencia Internacional de Sida de Ginebra por el Dr. Ho, uno de los máximos expertos mundiales del VIH, ante las preguntas del periodista Huw Christie. Este le preguntó por qué después de 20 años no existía una sola fotografía del virus VIH al microscopio electrónico, tomada a partir de la sangre de los enfermos o portadores. El Dr. Ho respondió que sería poco práctico si, para diagnosticar la infección por VIH, se tuviese que identificar el virus en cada caso, el periodista estuvo de acuerdo pero a su vez preguntó por qué “no se había hecho tan sólo una vez”. No hubo respuesta.
El hecho de que al virus VIH no se le haya visto jamás en la sangre o tejidos de los enfermos sería algo comprensible en el pasado, pero no en los tiempos actuales, con una tecnología tal que permite desde tomar fotos de la superficie de Marte hasta vislumbrar las partículas subatómicas. A eso se deben añadir los cientos de investigadores con enormes medios y presupuestos millonarios que llevan muchos años “investigando” en el VIH, pero que después de 25 años no han conseguido una sola foto del virus, cuando virus menos interesantes son encontrados y fotografiados de modo rutinario por equipos científicos con menos medios que los destinados al VIH.
Esto nos muestra varias cosas: 1) Que no tenemos pruebas sólidas de que exista ningún virus VIH. 2) Que se puede vivir muchos años “de la sopa boba” haciendo que se investiga. 3) Que no nos extrañe que los “investigadores del VIH”, que al fin y al cabo viven y comen a expensas del virus, digan lo que dicen, “¿El VIH? Sí, por supuesto que existe”, “trabajamos con él a diario”, “conocemos una proteína, o una enzima suya”. Podrían continuar diciendo: “el otro día un colega lo vió”, “yo ya lo ví dos veces”, “bueno, no sabemos si era el virus, porque después se esfumó”, “es que verás, el virus muta mucho”,”se esconde”, “es invisible”,” produce la enfermedad de modo misterioso” “es muy peligroso y letal”…”uf, si yo te contara”… En realidad estos “investigadores” no hacen más que defender su puesto de trabajo, no buscan evidencias científicas ni pruebas, cosa que parece no parece importarles mucho.
Por otra parte, desde un punto de vista ya más técnico, la forma que tiene la ciencia de demostrar la existencia de un agente infeccioso, un virus por ejemplo, es lo que se llama “el aislamiento”, “aislar un microbio”, (sea virus, bacteria, etc.), es encontrarlo o identificarlo en la sangre o tejidos de los enfermos y ese proceso requiere que se cumplan ciertos pasos técnicos:
- Foto del virus infectando la célula.
- Foto del virus solo, sin nada más.
- Foto de sus proteínas, clasificadas en bandas por electroforesis.
- Foto de su material genético.
Por supuesto, ninguno de esos pasos se ha dado con respecto a lo que se llama virus VIH.
En resumen, los investigadores dudan de si existe el VIH porque no existen pruebas de que exista.

2- ¿De donde proceden entonces las imágenes que nos presentan como “fotos del virus VIH”?

Todos hemos visto sin embargo fotos que nos dicen que son del virus VIH, pero se oculta el hecho de que esas fotos no están tomadas a partir de la sangre o tejidos de los enfermos. Esas fotos muestran una especie de partículas que se producen única y exclusivamente en laboratorio bajo ciertas circunstancias especiales, dicho de otra forma, esas partículas son el resultado de lo que les pasa a unas células anormales en circunstancias anormales, lo que tiene muy poco que ver con lo que sucede en el cuerpo humano. Las fotos podrían valer siempre y cuando las partículas que nos muestran, y que nos venden como VIH, cumplieran al menos ciertas condiciones:
- - Tuvieran las características de los virus, lo que no es el caso. Estas partículas ni tienen aspecto de virus, ni se comportan como tales, es más, se ha visto que son completamente inofensivas para las células.
- - Las hubiéramos observado, alguna vez por lo menos, en la sangre fresca de los enfermos, lo que tampoco es el caso, (ya dijimos que jamás han sido vistas en nadie).

El test de vih : como interpretar un resultado positivo

1 - ¿Están infectadas por un virus, el llamado virus VIH, las personas consideradas “seropositivas”?
2 - ¿Qué dicen las compañías que fabrican y venden los “tests de VIH”?
3 - ¿Qué detecta el test de VIH si no detecta el VIH?
4 - Causas documentadas que producen resultados positivos en el test de VIH
5 - ¿Cómo interpretar entonces un resultado positivo del test?

1- ¿Están los llamados “seropositivos” infectados por un virus, el llamado virus VIH?

Un “seropositivo” es una persona que se cree que está infectada por el virus llamado VIH, razón por la cual también se usa palabra “infectado”, “portador”, etc. Lo que determina esta condición es el resultado positivo en el mal llamado “test de VIH”, decimos mal llamado por las razones que veréis.
Es sabido que se puede detectar prácticamente cualquier agente infeccioso, sea bacteria, hongo o virus, en la sangre de las personas, todo ello con distintos tipos de tests, siempre que ese agente que queremos detectar lo hayamos visto antes en la sangre o tejidos de los enfermos. El haber visto antes el agente infeccioso, en este caso el virus VIH, en el organismo de los enfermos, es fundamental además para poder acusarlo de la enfermedad, en este caso el Sida, de otro modo, ¿Cómo íbamos a poder hablar de un virus que causa el Sida y se transmite “por sangre”, si resulta que no hemos visto ese virus en la sangre de ningún enfermo de Sida?
Y ahora viene lo más extraño, no se ha visto hasta la fecha eso que se llama VIH en la sangre de ningún ser humano, con o sin Sida. Y si no lo hemos visto, ni tenemos ninguna evidencia de su presencia, ¿Cómo podemos atribuirle el ser la causa de enfermedad alguna? ¿Cómo podemos afirmar siquiera que ese virus existe realmente y no es algo imaginario? Pues bien, al contrario de lo que sucede con todos los virus conocidos, sobre los cuales tenemos pruebas directas de su existencia, como por ejemplo una simple fotografía al microscopio electrónico, por lo que respecta al virus VIH hasta la fecha no se dispone de ninguna prueba en forma de fotografía al microscopio electrónico de él, tomada de la sangre, o tejidos sin cultivar, de los enfermos o “portadores”.
Este hecho indiscutible echa por tierra sin remedio toda la versión oficial del VIH y el Sida al completo.
Por lo que se ve, todos habíamos creído hasta ahora en el virus VIH como un virus:
- - Que puede estar muchos años “latente”, es decir dormido, desde que infecta a la persona hasta que produce la enfermedad. En realidad el llamado “período de latencia del virus”, o tiempo que transcurre desde que el virus infecta a una persona hasta que desarrolla la enfermedad, ha sido aumentado periódicamente con los años, conforme los defensores del VIH iban viendo que los supuestos infectados no se morían en el plazo profetizado.
- - Que puede causar la enfermedad por medios ocultos, desconocidos, (las “expertos” en el VIH aún no se han puesto de acuerdo en cómo el virus destruiría las células del sistema inmune, entre las teorías que han barajado están algunas curiosas, que el virus provocaría el suicidio celular, que actuaría como el jefe de una banda de matones que ordenaría a sus matones, los linfocitos X…).
- - Que puede “mutar” de forma asombrosa, mera excusa para justificar la dificultad de una imposible vacuna, que recuerda la famosa búsqueda de la, también imposible, “vacuna del cáncer”, allá por los años setenta del pasado siglo.
Pero visto ahora en retrospectiva, ¿No parecían ya un poco raras para un virus todas estas cualidades? ¿No eran como un poco sospechosas? ¿No sería ya el colmo que ahora fuéramos a creer también que el VIH tiene la capacidad de volverse invisible a voluntad o de producir la enfermedad por control remoto?
En resumen, si para algo no sirve el llamado test de VIH, es precisamente para detectar el virus VIH, al no haberse visto jamás ese virus en ningún ser humano, pretender detectarlo con un test es igual de absurdo que pretender detectar con un test al diablo.
No deberíamos hablar por tanto ni de test de VIH, ni de seropositivos, ni de portadores, ni de infectados, sino en todo caso de supuesto…test de VIH, supuestos portadores, supuestos seropositivos o supuestos infectados.

2- ¿Qué dicen las compañías que fabrican y venden los “tests de VIH”?

Las propias compañías farmacéuticas que fabrican y venden los llamados tests de VIH hacen referencia, en los folletos de instrucciones de los tests, al hecho de que al VIH no se le encuentra, ni se le ve, en la sangre de las personas. ¿Cómo es que lo dicen? Dado que sería perjudicial para ellas decir claramente “no se ve el virus VIH en la sangre de las personas”, porque además de ser escandaloso los tests no se venderían, la solución es decirlo, pero de forma disimulada, de ese modo, además de no verse perjudicada la venta de los tests, siempre pueden alegar, llegado el momento de las demandas, que ya lo habían advertido.
Recordemos que los principales tests que se utilizan para detectar la supuesta infección por VIH son el test llamado test ELISA y el test llamado Western Blot, uno llamado test de exploración, (test ELISA), y el otro, (el Western Blot), test de confirmación. Ambos tests son indirectos, es decir, no detectan virus sino algo relacionado con ellos, en este caso anticuerpos, que son proteínas que nuestro organismo fabrica contra ellos.
Aunque no detecten virus, los tests de anticuerpos usados habitualmente, en la práctica es como si los detectasen, es decir, si dan positivo a la persona se la considera infectada o que ha tenido contacto con el virus, o al menos eso es lo que sucede normalmente con ese tipo de tests, esto es así porque se les considera fiables. Un ejemplo de test de este tipo, que está considerado fiable, es el test de anticuerpos que se usa para detectar al virus de la hepatitis B y se considera fiable porque el resultado positivo del test de ha podido ser comprobado con la visualización del virus de la hepatitis B en los tejidos de los enfermos de hepatitis.
Pero en el caso del VIH este esquema se viene abajo desde el momento en que no se ha podido ver el VIH en la sangre de ningún ser humano, por lo que no hemos podido validar los tests, (por si ya no resultara poco absurdo el hecho de intentar detectar con un test algo que jamás ha sido visto en nadie). La única forma de comprobar la fiabilidad de todos los tests virales indirectos, sean tests que detectan anticuerpos, (como es el caso del ELISA y del W. Blot), o antígenos, (proteínas del virus), o secuencias genéticas del virus, (como por ejemplo, los tests llamados de carga viral), es comprobar, antes de usarlos en la población, que en las personas que dan positivo en el test, el virus está. Por lo tanto, para que los tests de VIH tuvieran validez, tenía que haberse comprobado que en las personas que dan positivo se encuentra el virus en su sangre, cosa imposible porque como hemos dicho nunca se ha visto el VIH en nadie. Es decir, el estándar o referencia que sirve para verificar la fiabilidad de todos los tests virales indirectos es la visualización del propio virus.
De ahí que cuando la compañía Abbot, (uno de los fabricantes del test ELISA), dice en los prospectos de instrucciones del test, como se aprecia más adelante, que “no existe estándar reconocido para establecer la presencia de anticuerpos anti VIH”, está reconociendo que no se ha comprobado que, en las personas que dan positivo en sus tests, el virus está, o lo que es lo mismo, está reconociendo la total invalidez de ese test para detectar al VIH, (si la referencia o estándar es el propio virus, decir que no hay estándar es lo mismo que decir que no hay virus con qué comparar). Pero además, como este estándar o referencia es el mismo para todos los tests virales indirectos, (sean de anticuerpos, de antígenos, o de carga viral), la invalidez del test Elisa podemos hacerla extensible al resto de los tests indirectos relacionados con el VIH, como es el caso del W. Blot, que es también un test indirecto que pretende detectar anticuerpos, o los mismos tests de carga viral, que pretenden detectar material genético del virus. Ninguno de estos tests tiene, por tanto, validez, es por ello que las compañías que los fabrican advierten, de una u otra forma, de que no deben ser usados para diagnosticar infección por VIH, como se aprecia a continuación.

HIV TEST KIT DISCLAIMERS / ADVERTENCIAS EN LOS TEST DE VIH

ELISA Test

"At present there is no recognized standard for establishing the presence or absence of HIV-1 antibody in human blood." (Abbott Laboratories, ELISA HIV Antibody Test Insert, section "Sensitivity and Specificity")
“A día de hoy, no hay un estándar reconocido para establecer la presencia o ausencia de anticuerpos de HIV-1 en sangre humana”
"EIA testing cannot be used to diagnose AIDS... The risk of an asymptomatic person with a repeatedly reactive serum developing AIDS or an AIDS-related condition is not known." (Abbott Laboratories, ELISA HIV Antibody Test Insert, section "Limitations of the Procedure")
“El test EIA no puede ser usado para diagnosticar SIDA… El riesgo de que una persona asintomática con un suero reactivo repetidamente contraiga SIDA o una condición relacionada con el SIDA, es desconocido”
"Clinical studies continue to clarify and refine the interpretation and medical significance of the presence of antibodies to HIV-1." (Abbott Laboratories, ELSA HIV Antibody Test Insert, section "Limitations of the Procedure")
“Estudios clínicos continúan clarificando y afinando la interpretación y el significado médico de la presencia de anticuerpos del HIV-1”

Western Blot Test

"Do not use this kit as the sole basis of diagnosis of HIV-1 infection." (Eptope, Inc., Western Blot HIV Antibody Test Insert, section "Limitations of the Procedure")
“No use este kit como la única base para el diagnóstico de infección por HIV-1”
“The clinical implications of antibodies to HIV-1 in an asymptomatic person are not known.” (Calypte, Cambridge Biotech HIV-1 Western Blot Kit, section “Limitations of the Serum and Plasma Procedure”)
“Las implicaciones clínicas de los anticuerpos del HIV-1 en personas asintomáticas son desconocidos”

PCR "Viral Load" Test

"The AMPLICOR HIV-1 MONITOR test, is not intended to be used as a screening test for HIV or as a diagnostic test to confirm the presence of HIV infection." (Roche, Amplicor HIV-1 Monitor Test Kit, section "Intended Use")
“El test del MONITOR DE AMPLIFICADOR DEL HIV-1, no tiene la intención de que sea usado como test para visualizar el HIV o como un test de diagnóstico para confirmar la presencia de infección por HIV”

3- ¿Qué detecta entonces el test si no detecta el VIH?

Por si lo todo lo anterior no bastara, se sabe que existen al menos cerca de 70 situaciones o circunstancias que pueden provocar reacciones positivas con estos mal llamados tests de VIH, (ver la relación completa, que aporta Christine Jonson, al final del capítulo), veamos algunas de ellas:
- Administración de gammaglobulinas como prevención, por ejemplo la gamma del tétanos.
- “ “ vacuna del tétanos.
- “ “ “ contra la hepatitis B.
- “ “ “ antigripal.
- Tuberculosis.
- Malaria.
- Gripe.
- Hepatitis.
- Herpes I.
- Herpes II.
- Infecciones de las vías aéreas superiores.
- “ víricas recientes.
- Embarazos repetidos.
- Cánceres.
- Múltiples transfusiones de sangre.
- Enfermedad hepática alcohólica.
- Artritis reumatoide.
- Lupus eritematoso sistémico.
- Personas con problemas de coagulación, (hemofílicos por ejemplo).
- Personas con bilirrubina alta.
- “ “ aumento de grasas en la sangre, (colesterol por ejemplo).
- “ que han sufrido trasplantes de órganos.
Y así hasta cerca de 70 causas.
¿Qué conclusión podemos extraer de esto? Pues que además de no servir para detectar el virus VIH, parece que las causas que pueden hacer que una persona dé positivo en el mal llamado test de VIH son muchas y variadas, unas tienen que ver con haber sufrido determinadas infecciones, otras con vacunaciones, algunas tienen que ver con problemas serios de salud, otras no tienen nada de patológico, (haber tenido varios embarazos, o una gripe, o haber sido vacunado de ella).
Lo único que vemos de común en esas causas es que en general son situaciones en las que cabe esperar aumentos en los niveles de distintos tipos de anticuerpos, (en otras situaciones ni siquiera eso), pero no podemos sacar mucho en conclusión acerca del tipo de anticuerpos pues los hay de todo tipo.

4- Causas documentadas que causan resultados positivos en los tests de VIH

Introducción

En este artículo, la periodista de investigación Christine Johnson aporta una relación de esas casi 70 causas, documentadas en la literatura científica, que pueden producir resultados positivos en el –mal llamado- test de VIH. Nótese que la autora se refiere a estos resultados positivos como “falsos positivos” y se debe aclarar que lo de “falsos” resulta engañoso, pues da a entender que existen positivos “verdaderos”, cuando la realidad es más simple, puesto que el mal llamado test de VIH no puede detectar jamás al VIH ya que este virus nunca ha sido visto, todos los resultados positivos del test son falsos.
Sin embargo, como consecuencia de toda la propaganda vertida en los medios durante 25 años, las personas, cuando el mal llamado test de VIH les da positivo, piensan ya inmediatamente que están infectadas por el virus VIH y ellas mismas se encuadran dentro de un “grupo de riesgo” o con “prácticas de riesgo”, (homosexuales, toxicómanos vía intravenosa, heterosexuales, receptores de transfusiones, etc.), todo ello según la vía por la que ellos suponen que han sido “infectados”. Lo que menos se imaginan las personas que resultan positivas en el test de VIH es que si por algo no están infectados es por el virus VIH y que el resultado positivo puede estar provocado por cualquiera de estas casi 70 causas conocidas, o por otras no conocidas.

Artículo de Christine Johnson: Causas documentadas que producen falsos positivos en el test de VIH

Abundantes publicaciones científicas explican que hay más de 70 diferentes condiciones documentadas que pueden causar que el test de anticuerpos reaccione positivamente sin infección por VIH. (Johnson 1993, 1995, 1996a,b; Hodgkinson 1996; Turner 1996, 1997/8; Shenton 1998; Papadopulos-Eleopulos et al 1993; Giraldo 1997d, 2000a; Giraldo et al 1999).

Alguna de las condiciones que causan falsos positivos del así llamado “test del SIDA” son: infección presente o pasada con una variedad de bacterias, parásitos, virus y hongos, incluyendo tuberculosis, malaria, leishmaniasis, influenza, resfriado común, lepra y un historial de enfermedades de transmisión sexual; la presencia de anticuerpos poliespecíficos, hipergammaglobulinemias, la presencia de auto-anticuerpos contra una variedad de células y tejidos, vacunas, y la administración de gammaglobulinas o imunoglobulinas; la presencia de enfermedades auto-inmunes como: lupus sistémico eritematoso, esclerodermia, dermatomyositis y artritis reumatoide; la existencia de embarazo y multíparas; historia de inseminación rectal; adicción a drogas recreacionales; diversas enfermedades del riñón, fracaso renal y hemodiálisis; historia de trasplante de órganos; presencia de una variedad de tumores y quimioterapia contra el cáncer; muchas enfermedades hepáticas incluida la enfermedad del hígado alcohólico; hemofilia, transfusiones de sangre y administración de factor de coagulación; e incluso la simple condición del envejecimiento y algunas vacunas, por mencionar las más importantes (Johnson 1993, 1995, 1996a,b; Hodgkinson 1996; Turner 1996, 1997(8; Sentón 1998; Papadopulos-Eleopulos eta al 1993; Giraldo 1997d, 2000a).
Christine Johnson, de California, ha listado, de la literatura científica, las siguientes condiciones que causan reacción falso-positiva en los tests de anticuerpos del VIH.

• Presencia natural de anticuerpos poliespecíficos (Barbacid et al 1989; Healey &Bolton 1993).
• Anticuerpos a anti-carbohidratos (Zinder & Fleissner 1989; Healey & Bolton 1993; CORDES & Ryan 1995).
• Anticuerpos con alta afinidad por el poliestireno usado en los envases de los tests (Arnold et al 1994; Pearlman & Ballar 1994; Yoshida et al 1987).
• Anticuerpos HLA a leucocitos antígenos clase I y II (Blanton et al 1987; Bylund 1992; CORDES & Ryan 1995; Profitt & Yen-Lieberman 1993; Sayers et al 1986; Schleupner 1990; Schochetman & George 1992; Steckelberg & Cockerill 1988; Yu et al 1989).
• Inmunización pasiva (recepción de gammaglobulinas o inmuno-globulinas como profilaxis contra infección) (Ascher & Roberts 1993; CORDES & Ryan 1995; Gill et al 1991; Jackson et al 1988; Lai-Goldmnam et al 1987; Isaacman 1989;M Profitt & Yen-Lieberman 1993; Piszkiewicz 1987; Yale et al 1994).
• Administración de preparados de inmunoglobulina humana (Bylund et al 1992).
• Hipergammaglobulinemia (alto nivel de anticuerpos) (More et al 1986; Peterman et al 1986).
• Globulinas producidas durante gammapatías policlonales, muy común en grupos con riesgo de SIDA (Bylund et al 1992; Cordes & Ryan 1995; Schleupner 1990).
• Anticuerpos anti-linfocitos (Mathe 1992; Ujehelyi et al 1989).
• Anticuerpos anti-colágeno (encontrados en hombres gay, hemofílicos, Africanos de ambos sexos y gente con lepra) (Mathe 1992).
• Múltiples transfusiones de sangre (Cordes & Ryan 1995; Ng 1991;Peterman et al 1986; Proffit & Yen-Lieberman 1993; Schochetman & George 1992; Yu et al 1989; Sayre 1996).
• Individuos con defectos de coagulación (Bylund et al 1992; Schochetman & George 1992).
• Vacuna de la hepatitis B (Jackson et al 1988; Lee et al 1992;Pearlman & Ballas 1994; Profitt & Yen-Lieberman 1993).
• Vacuna antitetánica (Pearlman & Ballas 1994).
• Falsos positivos en otros tests serológicos, incluyendo RPR para sífilis (Bylund et al 1992; Fleming et al 1987; Moore et al 1986; Schleupner 1990; Schocheman & George 1992).
• Individuos sanos como resultado de malinterpretación de reacciones cruzadas (Bylund et al 1992).
• Anticuerpos IgM anti-hepatitis A (Schleupner 1990).
• Altos niveles de circulación de complejos inmunes (Biggar et al 1985; Moore et al 1986).
• Presencia de ribonucleoproteínas normales en humanos (Cordes & Ryan 1995; Schleupner 1990).
• Malaria (Biggar et al 1985; Charmot & Simon 1990).
• Leishmaniasis Visceral (Ribiero et al 1994).
• Tuberculosis (Kashala et al 1994).
• Micobacteria avium (Kashala et al 1994).
• Enfermedades autoinmunes: lupus sistémico eritematoso, escleroderma, enfermedad del tejido conjuntivo, dermatomiositis (Bylund et al 1992; Leo-Amador et al 1990; Pearlman & Ballas 1994; Proffit & Yen-Lieberman f1993; Ranki et al 1992; Schochetman & George 1992).
• Lupus Sistémico eritematoso (Esteva et al 1992; Jindal et al 1993).
• Artritis reumatoide (Ng 1991).
• Seropositivo por factor reumatoide, anticuerpos antinucleares, y otros autoanticuerpos (Kock et al 1988; Steckelberg & Cockerill 1988; Yoshida et al 1987).
• Anticuerpos anti-músculos lisos (Schleupnere 1990).
• Anticuerpos anti-mitocondriales (Cordes & Ryan 1995; Schleupner 1990).
• Anticuerpos anti-microsomal (Mortimer et al 1985).
• Otros anticuerpos antinucleares (Cordes & Ryan 1995; Schleupner 1990).
• Anticuerpos anti-antígenos de células T (Cordes & Ryan 1995; Schleupner 1990).
• Fracaso renal (Cordes & Ryan 1995; Jindal et al 1993; Schleupner 1990).
• Hemodiálisis (Bylund et al 1992; Fassbinder et al 1986; Peterman et al 1986; Schochetman & George 1992; Ujhelyi et al 1989).
• Terapia de interferón alfa en pacientes de hemodiálisis (Sungar et al 1994).
• Trasplante renal (Burkhardt et al 1987; Cordes & Ryan 1995; Neale et al 1985; Schleupner 1990; Ujehlyi et al 1989).
• Trasplante de órganos (Agbalika et ala 1992; Ng 1991).
• Infección de las vías respiratorias superiores (resfriado o gripe)(Challakere & Rapaport 1993).
• Infecciones víricas agudas, infecciones víricas del ADN (Cordes & Ryan 1995; Pearlman & Ballas 1994, Profitt & Yen-Liebereman 1993; Schleupner 1990; Steckelberg & Cockkerill 1988; Voevodin 1992).
• Gripe (Ng 1991).
• Vacunación de la gripe (Arnold et al 1994; Challakere & Rapaport 1993; Cordes & Ryan 1995; Hsia 1993; MacKenzie et al 1992; Profitt & Yen-Lieberman 1993; Simonsen et al 1995).
• Herpes simple I (Langedijk et al 1992).
• Herpes simple II (Challakere & Rapaport 1993).
• Virus de Epstein-Barr (Ozanne & Fauvel 1988).
• Exposición a vacunas víricas o infección vírica reciente (Challakere & Rapaport 1993).
• Embarazo en mujeres multíparas (Cordes & Ryan 1995; Ng 1991; Profitt & Yen-Lieberman 1993; Steckelberg & Cockerill 1988; Ujhelyi et al 1989; Abbott 1997).
• Cánceres (Pearlman & Ballas 1994).
• Mieloma múltiple (Bylund et ala 1992; Profitt & Yen-Lieberman 1993; Steckelber & Cockerill 1988).
• Trastornos hematológicos malignos y linfomas (Burkhardt et al 1987; Cordes & Ryan 1995; Profitt & Yen Lieberman 1993; Schleupner 1990; Steckelberg & Cockerill 1988).
• Fiebre Q con hepatitis asociada (Yale et al 1994).
• Hepatitis (Sungar 1994).
• Enfermedad hepática alcohólica (Bylund et al 1992; Cordes & Ryan 1995; Mendenhall eet al 1986; Pearlman & Ballas 1994; Schleupner 1990; Schochetman & George 1992; Steckelberg & Cockerill 1988).
• Colangitis esclerosante primaria (Schochetman & George 1992; Steckelberg & Cockerill 1988).
• Cirrosis biliar primaria (Cordes & Ryan 1995; Profitt & Yen-Lieberman 1993; Schleupner 1990; Steckelberg & Cockerill 1988).
• Síndrome de Stevens-Johnson 8Burkhardt et al 1987; Cordes & Ryan 1995; Profitt & Yen-Lieberman 1993).
• Sangre “pegajosa” en Africanos (Jungkind et al 1986; Schleupner 1990; Schochetman & George 1992; Smith et al 1987; Van Brees et al 1985).
• Suero lipémico (sangre con niveles altos de grasas o lípidos) (Schochetman & Geoerge1992).
• Suero hemolizado (Schochetman & George 1992).
• Hiperbilirrubinemia (Bylund et al 1992; Cordes & Ryan 1995).
• Proteínas en el equipamiento usado para estos tests (Cordes & Ryan 1995).
• Otros retrovirus (Blomberg et al 1990; Cordes & Ryan 1995; Dock et al 1988;Schleupner 1990; Tribe et al 1988).

Por lo tanto, hay un número creciente de condiciones conocidas que provocan que los tests de VIH reaccionen positivamente en ausencia del VIH, es decir, falsos positivos.
Es interesante que todas las condiciones que causan reacciones positivas en los “tests VIH” en ausencia de VIH son condiciones que están presentes, con variedad en su distribución y concentración, en muchos “grupos de riego de SIDA” reconocidos en los países desarrollados, así como en un amplio porcentaje de Africanos y gente de otras partes del mundo desarrollado. Esto quiere decir que muy probablemente muchos usuarios de drogas (incluidas algunas madres), ciertos varones gay, y algunos hemofílicos en los países desarrollados, así como la vasta mayoría de los habitantes en la mayor parte de los países de África, Asia, América del Sur y el Caribe, que reaccionan positivamente al test para el VIH, pueden muy bien ser debido a otras condiciones que la de estar infectado con VIH (Johnson 1993, 1995, 1996a,b; Hodgkinson 1996; Turner 1996, 1997/8; Shenton 1998; Papadopulos-Eleopulos et al 1993, 1997; Giraldo 1997c, 2000a).
Es escandaloso darse cuenta de que una diagnosis de infección por VIH sea tan frecuentemente en tests que no son específicos para el VIH, e incluso peor cuando uno se da cuenta de que estos tests no específicos guían la prescripción de drogas antirretrovirales altamente tóxicas.

5- ¿Cómo interpretar entonces un resultado positivo del test?

Yendo a lo que interesa, la importancia que pueda tener desde el punto de vista de nuestra salud, dar positivo en el test de VIH, vista la cantidad y variedad de circunstancias que pueden hacer que una persona dé positivo, no hay forma de saberlo, por lo que a efectos prácticos no nos sirve de mucho, por no decir que no nos sirve para nada, ¿Para qué nos serviría un test de embarazo que diera positivo con más de 50 circunstancias frecuentes y que jamás se hubiera comprobado su fiabilidad en las embarazadas?
Por si todavía quedara alguna duda sobre el hecho de que el test de VIH detecta aumentos de anticuerpos de muchos tipos o que están en gran cantidad, veamos lo que sucede según se haga el test de VIH con suero diluido o sin diluir, lo que requiere una pequeña explicación.
Para hacerle la mal llamada “prueba del Sida” o “test de VIH” a la gente, se toma su suero sanguíneo, que es la sangre sin sus células, (es decir, el líquido que queda tras retirar los glóbulos blancos, plaquetas y glóbulos rojos), y se pone en contacto con las proteínas del test, (proteínas que supuestamente pertenecen al virus, aunque todo parece indicar que tienen un origen celular).
Estas proteínas, (que en el caso del test ELISA y del Western Blot son las mismas, con la diferencia que en el ELISA están juntas y en el Wester Blot separadas en bandas), reaccionarán, caso de haberlos, con los anticuerpos que hay en el suero de las personas, produciendo los resultados positivos.
Habitualmente estos tests se suelen hacer con el suero sin diluir o con diluciones bajas, pero en el caso del test de VIH el suero se diluye con agua hasta 400 veces, siendo el único test de anticuerpos conocido en el que se usan diluciones tan altas.
Pero, ¿qué pasaría si en vez de usar el suero diluido 400 veces usamos el suero sin diluir, como se hace normalmente con prácticamente todos los tests de anticuerpos? Pues que se ha visto que cuando se le hace el test ELISA usando el suero sin diluir, todo el mundo da positivo. ¿Y qué significado puede tener esto? Pues que ese test, si da positivo en todo el mundo, es que detecta algo evidentemente que tiene todo el mundo y eso que todo el mundo tiene no pueden ser anticuerpos contra el VIH, porque de ser así, todos, sin excepción, estarían infectados. Así que, si no son anticuerpos anti VIH, serán anticuerpos contra otra cosa y como no sabemos contra qué exactamente, ya que hay muchas causas que pueden dar positivo, dejémoslo en aumentos de anticuerpos de distintos tipos.
Ahora bien, si diluimos el suero 400 veces y sólo unas cuantas personas dan positivo, ¿Qué debemos deducir de esto? Pues que esas personas tienen lo mismo que tienen todas las personas, es decir, anticuerpos de distintos tipos, pero en mayor cantidad, lo cual coincide cuando se observa lo que tienen en común todas o casi todas esas causas que pueden provocar resultados positivos del test, y es que en general son situaciones en las que cabe esperar aumentos en los niveles de anticuerpos, (vacunaciones, exposición a determinadas infecciones, etc.).
Por otra parte, ¿Qué es lo que tienen en común las personas de los llamados grupos “de riesgo” o con “prácticas de riesgo” del Sida, como hemofílicos, drogadictos vía intravenosa, esperma vía rectal, etc.- de los que sabemos que suelen dar más resultados positivos en el test? Lo que tienen en común es que cabe esperar en su sangre mayores niveles de anticuerpos que en el resto de la población, todo ello como consecuencia de una mayor estimulación de su sistema inmunológico, debido a causas tóxicas, infecciosas, (como hepatitis), proteínas extrañas, (transfusiones, recepción de derivados sanguíneos, caso de los hemofílicos, o es esperma vía rectal, que es muy inmunógeno, es decir, aumenta la produción de anticuerpos, etc.). Veámoslo más detenidamente.
En el caso de los heroinómanos, esas personas han tenido en muchos casos hepatitis u otras infecciones, (hemos visto que producen positivos), y han sido sometidos a muchos estímulos tóxicos, (el material con que se rebaja la pureza de la heroína, por ejemplo, incluye de todo), en consecuencia es normal que tengan mayores cantidades de anticuerpos, suficiente para dar positivo en un test que precisamente sabemos que reacciona positivo en presencia de aumentos de anticuerpos de muchos tipos.
En el caso de los hemofílicos y de las personas que reciben transfusiones, hay que decir que cuando una persona recibe sangre o derivados sanguíneos de otra, recibe proteínas que su cuerpo percibe como extrañas, lo que va a producir un aumento de anticuerpos en su sangre, esto y dar positivo en el test de VIH, como hemos visto, es todo uno.
El caso de los hijos de madres adictas a drogas intravenosas, esos bebés, mientras no empiecen a producir sus propios anticuerpos, tienen durante un tiempo los anticuerpos de la madre, si la madre da positivo es normal que ellos también. Con respecto a estos niños cuyo test al nacer resulta positivo, es conocido el hecho de que en las dos terceras partes de ellos el test se vuelve negativo al cabo de un tiempo.
En el caso de los homosexuales, porque al parecer el contacto del esperma con la mucosa rectal es muy inmunógeno, es decir, estimula fuertemente la producción de anticuerpos, (lo que coincide con el hecho comprobado de que haya más positivos en los practicantes de sexo anal receptivo).
El caso de los africanos también es lógico, ya que están expuestos a una gran variedad de estímulos de naturaleza infecciosa, siendo de esperar que tengan mayores niveles de distintos anticuerpos.
El llamado test de VIH por lo tanto, lejos de detectar al virus VIH, es una ambigua prueba que detecta un estrés inmune, es decir, detecta situaciones en que, como consecuencia de una mayor estimulación inmunológica, (infecciones, proteínas extrañas, tóxicos, etc.), hay aumentos de anticuerpos.

Resumiendo, el resultado positivo en el test de VIH no indica otra cosa que el sistema inmune de una persona ha sido estimulado por una serie de factores biológicos, químicos, etc., lo que ha dado lugar a aumentos en los niveles de distintos tipos de anticuerpos.
¿Debemos considerar esto como algo patológico en sí mismo? Decididamente no, dado que es algo que sucede de modo natural en la vida de las personas, (por ejemplo, tras una vacunación, o tras haber pasado una simple gripe, o tras haber tenido sencillamente varios embarazos, o con la misma edad, las personas mayores tienen más anticuerpos), aunque pueda suceder de modo más frecuente en aquellas personas con una estimulación inmune más intensa, como es el caso de algunos de los llamados grupos con “prácticas de riesgo”, en los que de hecho el test resulta positivo con más frecuencia. El hecho de que entre las personas que más dan positivo al test, (como es por ejemplo el caso de los adictos a drogas intravenosas), se presenten más casos de inmunodeficiencia no quiere decir que las personas vayan a desarrollarla necesariamente por el hecho de haber dado positivo en el test.

Por qué no podemos aceptar como válida la actual visión del sida infeccioso

Está muy extendido el rumor de que existe una epidemia mundial causada por un virus, llamado VIH, que provoca la muerte por inmunodeficiencia en las personas que infecta, se advierte a la población para prevenir el contagio, muchas personas se someten a pruebas para detectarlo y otras muchas siguen costosos tratamientos para combatirlo.
Como suele pasar con muchos rumores, el Sida comenzó siendo una cosa pequeña a principios de 1980 en los EE UU, pero ha sido difundido de tal forma que ha llegado a ser admitido en todo el mundo como un hecho cierto, aunque a la hora de la verdad siga siendo lo mismo que en sus comienzos, un simple rumor. Y cuando se usa la palabra “rumor” se hace en sentido literal, según la definición del diccionario, rumor: “noticia vaga y no confirmada que circula entre la gente”, pues aunque a muchos les cueste creerlo, esta visión o punto de vista del virus del Sida nunca ha tenido confirmación científica de ningún tipo.
Además de los argumentos científicos que lo desmienten, se resumen a continuación otros tipos de argumentos, no menos importantes, por los que toda persona con un mínimo de sentido común y de cordura, no debería aceptar como hecho probado, del que dependerán decisiones que supondrán la diferencia entre la vida o la muerte, lo que no es más que una teoría sin confirmación, de las muchas que hay o hubo, (como la de los “virus lentos” o la del “virus del cáncer).

1- Razones de índole científica, referentes a la teoría del VIH-Sida en sí misma.

1.1 Si se toman textos de medicina anteriores a 1984, año del anuncio del “descubrimiento del virus del Sida”, se comprueba que la inmunodeficiencia, sea congénita o adquirida, no es algo nuevo, sus causas se conocen desde décadas antes de que se creara la palabra Sida, (esta se crea en 1982, a raíz de la aparición en los EE UU de algunas patologías poco frecuentes que denotaban inmunodeficiencia).
De descubrirse una nueva causa que provoque inmunodeficiencia, por ejemplo un retrovirus mutante, esta nueva causa sería en todo caso una causa más, a añadir a las anteriores causas conocidas y registradas, desnutrición, drogas, medicamentos y multitud de otras causas, hay que recordar que la palabra “síndrome” en medicina significa precisamente “producido por varias causas”. Pero desde que entró en escena el ente llamado VIH, todas esas causas han dejado prácticamente de tenerse en cuenta, algo incomprensible pues incluso con VIH, esas causas, conocidas por causar inmunodeficiencia (es decir, Sida), serían siempre factores agravantes a corregir. El rumor del VIH alteró de tal forma nuestra percepción de la realidad que nos ha hecho pasar por alto algo tan obvio como que la primera causa indiscutible de inmunodeficiencia adquirida actualmente en el mundo, la que más muertes causa por inmunodeficiencia en individuos de todas las edades, es decir, la primera causa mundial de Sida hoy en día, sigue siendo la desnutrición, el hambre.
Si tenemos en cuenta además que la mayoría de los fármacos llamados “antivirales”, los que se usan para neutralizar al supuesto virus, son fármacos de quimioterapia de cáncer, y la quimioterapia del cáncer es una de las causas más conocidas de inmunodeficiencia adquirida, debemos preguntarnos si tratar el Sida con “antivirales” no es una de las formas más directas de provocar la muerte por inmunodeficiencia u otros graves y previsibles daños provocados por la medicación antiviral.

1.2 Puestos a investigar las bases científicas de la teoría, si alguien busca los trabajos científicos originales que le sirven de fundamento y donde supuestamente se demuestra que el Sida es causado por el VIH, se encontrará con la misma sorpresa con la que se encontró hace años el Dr. Kary Mullis, (Nóbel de Química de 1993 por la invención de la PCR), que no existen referencias siquiera de esos trabajos en ningún lado.

1.3 Vista por encima, la teoría nos habla de un virus, de la familia de los retrovirus al parecer, cuyo blanco son ciertas células del sistema inmune, siendo lo primero que llama nuestra atención las propiedades, tan peculiares, que se le han atribuido, sin precedente en toda la historia de la biología y que convierten a este virus en una especie de prodigio de la naturaleza. Así, se nos dice del virus VIH:
- que tiene una extraordinaria capacidad para mutar o cambiar, mera excusa para explicar la imposibilidad de una vacuna, algo que recuerda la búsqueda en los 70 de la -también imposible- vacuna contra el cáncer.
- que puede estar latente o dormido durante muchos años, desde que las personas resultan supuestamente infectadas hasta que desarrollan la enfermedad, este lapso de tiempo llamado “tiempo de latencia”, se ha venido prolongando periódicamente a medida que se iba viendo que las personas “infectadas” no se morían en el plazo vaticinado, (con lo que se da tiempo a que actúen otras causas, las causas reales).
- que puede causar la enfermedad por medio de “mecanismos indirectos”, léase por medios desconocidos, lo que ha dado pié a teorías como la de que el virus induciría el suicidio celular y otras no menos curiosas.
- pero lo que no se nos dice es que, entre sus propiedades, también se encuentra al parecer la capacidad de volverse invisible o de provocar la enfermedad por control remoto, puesto que los científicos ven como algo normal, -en realidad la mayoría de ellos lo ignora- el hecho de que hasta ahora no se disponga de una sola fotografía del virus al microscopio electrónico, tomada a partir de la sangre de las personas supuestamente infectadas, a pesar de que se insiste en que el virus se transmite precisamente por ella.

1.4 Hay toda una serie de hechos, que atañen a aspectos científicos claves, a los que nunca se hace referencia cuando se nos habla del VIH y del Sida, estos son algunos:
En 1987 el prestigioso biólogo molecular Peter Duesberg, uno de los máximos expertos mundiales en el campo de los retrovirus, formuló una serie de objeciones a la teoría del virus del Sida, negando que el VIH, un retrovirus, pudiera ser letal para el hombre pues los retrovirus no matan células, ese es el motivo por el que estaban siendo estudiados desde hacía años como posibles agentes cancerígenos. Al mismo tiempo Duesberg echaba por tierra la idea de los llamados “virus lentos” y otros virus fantasmas. El enigma de los “virus lentos” fue otro rumor muy difundido a partir de los años 70 y a pesar de que nunca se encontró evidencia alguna de su existencia, la creencia en ellos llega hasta nuestros días. Se atribuía a los “virus lentos” el ser “indetectables”, “resistentes prácticamente a todo” y “capaces de producir enfermedades muchos años después de la infección y de la aparición de los anticuerpos”. La idea de los virus lentos sirvió de modelo en la elaboración de la teoría del virus del Sida.
Las alegaciones de Duesberg no hallaron respuesta por parte de los defensores del VIH, pero pronto empezaron a caer las amenazas sobre él. Duesberg no desistió y en ulteriores trabajos demostró, basándose en numerosos datos estadísticos y epidemiológicos, que el Sida no cumplía los criterios establecidos para poder ser considerado un problema infeccioso, distando mucho de comportarse como una epidemia infecciosa, el llamado VIH no es necesario ni suficiente, hay Sida sin VIH y VIH sin Sida, etc.,etc.
Ahora bien, a pesar de demostrar el carácter no infeccioso del sida, (el VIH según Duesberg no es más que un pasajero oportunista más en un organismo con un sistema inmune previamente deteriorado por otras causas), Duesberg aceptaba que Gallo-Montagnier habían conseguido aislar un retrovirus en los enfermos de sida, (aunque el aislamiento fuese muy indirecto), y un test de detección. Pero este punto, la existencia del VIH, se ha desmoronado finalmente también tras la polémica entre Peter Duesberg (el virus VIH existe, aunque no cause el sida) y la biofísica australiana Eleni Papadopulos-Eleopulos, (El VIH ni siquiera existe, al no haberse encontrado ninguna evidencia de su existencia como virus). La polémica no fue recogida en los medios, como es habitual con cualquier cosa que ponga en duda la teoría VIH-Sida.
Se resume de un modo breve esta cuestión clave del aislamiento del VIH, pues para poder hablar de un virus como causante de una enfermedad no deben existir dudas acerca de algo tan elemental como su existencia.
Según Eleni Papadopulos, “La única prueba segura de la presencia de un virus, la única evidencia directa y sin ambigüedades, es el aislamiento y el aislamiento quiere decir la identificación del virus en la sangre o plasma fresco, o tejidos sin cultivar, de los enfermos o portadores. Esa es la única prueba irrefutable de que una persona tiene infección activa, la única clase de infección que puede causar enfermedad.”
Pues bien, por extraño que parezca a estas alturas, nunca se ha identificado ningún VIH como partícula estable independiente en el plasma o sangre frescos, sin cultivar, de ningún ser humano, con o sin sida. Esta cuestión trascendental, como todas las cuestiones claves referentes al VIH-Sida, pasó desapercibida en abril de 1984, cuando se proclamó a un supuesto virus como causa del sida.
En vez del aislamiento en regla del virus, se ha dado en aceptar en su lugar una serie de fenómenos aislados “in vitro”: presencia de ciertas proteínas, cierta enzima y presencia de una serie de partículas que hasta la fecha sólo se han visto bajo especiales condiciones de laboratorio. La sopa de partículas heterogéneas e inestables a las que llaman VIH no es otra cosa que el resultado de cultivar glóbulos blancos y estimularlos, tras añadirles o células leucémicas (método Gallo) o células de cordón umbilical (método Montagnier). “Pero incluso aceptando como válido este falso aislamiento, no existe ninguna base sólida para pensar que algo que sólo hemos visto bajo sofisticadas condiciones de laboratorio, y no siempre, pueda causar ninguna enfermedad al ser humano” (Eleni Papadopulos). En suma, según otro autor, “No podemos extrapolar al ser humano a partir de lo que le sucede a unas células anormales en un medio anormal”.
“El hecho de que no dispongamos de ninguna fotografía del VIH al microscopio electrónico -señala el virólogo Stefan Lanka- tomada a partir de la sangre fresca o tejidos sin cultivar de ningún ser humano, con o sin sida, después de 25 años, presupuestos millonarios y un ejército de investigadores en la labor, es un hecho singular que no puede ser producto de la casualidad.”
Sin un auténtico aislamiento viral, que permita saber con seguridad qué tipología, cuales proteínas y cuales secuencias genéticas pertenecen al supuesto VIH, no solo no podemos atribuir a ningún virus el ser la causa del conjunto de patologías diversas que se ha dado en llamar Sida, tampoco se puede construir un test válido para detectarlo, sea de anticuerpos, de antígenos o de “carga viral”, puesto que la verdadera fiabilidad de cualquier test para detectar virus sólo se puede determinar respondiendo a la pregunta, ¿En cuántas de las personas que dan positivo en esos tests -sean del tipo que sean- podemos encontrar el virus en su sangre fresca? Como hasta la fecha, pese a los enormes esfuerzos, no se ha encontrado ningún VIH en la sangre fresca de ningún ser humano, la verdadera fiabilidad de todos los tipos de tests empleados con el VIH, sean del tipo que sean, debe ser considerada, con toda propiedad, cero.
A este hecho hacen alusión las mismas compañías que comercializan los tests de VIH, cuando advierten, en los prospectos de instrucciones de los tests, de su “imprecisión” a la hora de detectar el VIH, incluso la compañía Abbot, uno de los fabricantes del test ELISA, llega a decir de forma bien explícita, “de momento no hay estándar reconocido para establecer la presencia de anticuerpos anti VIH en la sangre de las personas”. Si se tiene en cuenta que el estándar que rige para los tests de anticuerpos, (que es en realidad el mismo que rige para todos los tipos de test virales indirectos, sean de anticuerpos, de antígenos o de “carga viral”), no es otro que la propia detección del virus en la sangre de las personas, nos encontramos con que las compañías farmacéuticas que venden los tests hacen alusión –aunque sea de forma implícita- al mismo hecho fundamental, es decir, que no se ha visto el VIH en nadie, (una de cuyas implicaciones es precisamente la imposibilidad de poder conferir validez alguna a los tests).
La teoría del virus del sida no tiene validez científica, por lo que todos los diagnósticos, pronósticos y tratamientos que en ella se basan tampoco la tienen.

2- Razones referentes al modo como se impuso a la sociedad la teoría del virus del Sida:

Es creencia general que la idea de un virus que causa inmunodeficiencia es resultado de investigaciones rigurosas, basadas en observaciones objetivas de los hechos donde se tuvieron en cuenta otras posibles hipótesis, investigado lo cual y una vez seguras, las autoridades sanitarias no habrían hecho otra cosa que darles un carácter oficial, pero la realidad ha sido muy distinta a lo que todos suponíamos.
La difusión de la idea del Sida infeccioso en la sociedad norteamericana no tuvo nada que ver con una investigación seria sino con imprudencia, alarmismo y prejuicios homófobos y sexistas. Si para poder hablar de problema infeccioso es preciso haber identificado un agente infeccioso y esto no sucede hasta poco antes de la declaración de abril-84, con la proclamación de Gallo como descubridor del virus, ¿Por qué entonces la sociedad norteamericana ya llevaba varios años con una psicosis de epidemia infecciosa de grandes proporciones? Si no se había identificado ningún agente infeccioso, única forma de poder decir que un problema es infeccioso, ¿Cuáles fueron entonces las razones que alegaron las autoridades sanitarias americanas, ya con la aparición de los primeros casos en 1980, para decir que el Sida era “probablemente” algo infeccioso? Cuando se examinan las declaraciones sobre el particular contenidas en las publicaciones de instituciones sanitarias americanas de esa época, las razones aducidas eran así de objetivas: “Debe ser infeccioso porque son homosexuales”, “tiene que ser infeccioso porque tienen muchas relaciones sexuales”, “debe ser infeccioso porque es un problema nuevo,…, porque aparece en grupos nuevos de la población”, etc.
En cuanto al proceso que dio lugar al anuncio del descubrimiento de virus por las autoridades sanitarias americanas, fue de lo más simple: nada de estudios ni publicaciones previas en los medios científicos, se convocó una gran rueda de prensa en Washington, el 23 de abril de 1984, y en ella se proclamó que el científico americano Robert Gallo, (de aquella alto funcionario de los servicios americanos de salud en el Instituto Nacional del Cáncer y presente en la rueda de prensa), “había descubierto el virus y aportado la prueba de que el tal virus,- más tarde conocido como VIH- era la causa probable del sida”. Pero nada de lo que allí se dijo resultó ser cierto al final, que si Gallo “había descubierto el virus”, que si “había aportado la prueba de que ese virus era la causa del Sida”, que si “se dispondría de un test para dentro de dos años” –la patente americana para un test de detección se registró horas antes de la rueda de prensa- que si “una vacuna para dentro de cuatro”, etc. Por lo que respecta a Montagnier, (a quien Gallo robó el supuesto virus), como se aclara más adelante, hoy sabemos que ni siquiera había aislado un nuevo retrovirus.
¿Y qué decir en lo que toca a la comunidad científica? Pues que antes de la declaración no tuvo oportunidad de enterarse, ni de mostrar su discrepancia -ni siquiera su acuerdo- al no haberse publicado nada, (el mismo Peter Duesberg, al que el mismo Gallo tenía por la máxima autoridad mundial en retrovirus, se enteró por la televisión de que un retrovirus era la causa del sida), ¿Y después de la declaración? ¿Quién se iba a enfrentar a las autoridades sanitarias? De hecho los científicos que tenían dudas callaron para evitarse problemas y los que plantearon dudas, caso Duesberg, los tuvieron y serios, primero fueron las amenazas y luego, como no cedió ante ellas, le privaron de su bolsa de investigación.
El consenso alrededor del VIH-Sida se hizo mayor con los cuantiosos recursos dedicados a su difusión, con el consiguiente “clima de guerra” creado con la “pandemia”, (“que promueve la acción pero no la reflexión”, según Duesberg). Fueron destinados elevados presupuestos a la investigación exclusivamente en la línea del VIH, mientras nada era destinado a investigar otras hipótesis probables, (en especial drogas), lo que hizo que todo un ejército de investigadores fuera reclutado para la causa del VIH.
A principios de los 90 una comisión del Congreso declararía a Robert Gallo “culpable de mala conducta científica y mentira deliberada”, por el asunto del robo del virus a Montagnier, (para Duesberg, “el robo del diamante falso”). Por su parte Montagnier declararía, en tiempos ya más recientes, no haber purificado el virus, lo que implica que no había aislado nada, ya que la purificación es indispensable en el proceso de aislamiento de virus, de otro modo ¿Cómo íbamos a poder asegurar que las proteínas, material genético, etc., que se atribuyen al virus, pertenecen al virus y no a otra cosa?
Con la creación en 1991 del Grupo Internacional de Científicos para la Reevaluación de la Hipótesis VIH-Sida, grupo integrado en la actualidad por más de dos mil investigadores de todo el mundo que piden una revisión del sida, poco o nada ha mejorado el conocimiento objetivo del Sida por parte de la sociedad, debido al boicot y la censura. Pero que se sepa, la única forma de demostrar en ciencia que alguien se equivoca es dejarle exponer su tesis y luego rebatirle con argumentos, mientras que la censura, al poner de manifiesto la ausencia de argumentos, pone en evidencia y descalifica a quien la ejerce. Peter Duesberg no ha sido el único en sufrir en carne propia lo malo que puede llegar a ser para un científico comunicar honestamente sus conclusiones, otros investigadores, periodistas, etc., han corrido la misma suerte.
Al público general se le hace creer que mientras que los científicos que discrepan son una minoría, “la gran mayoría de los científicos comparte el modelo VIH”, cuando la gran mayoría no han oído hablar siquiera de los planteamientos que discrepan –si una cosa funciona bien aquí es la censura- y los pocos que han oído hablar, callan para no poner en peligro sus puestos de trabajo o las subvenciones de investigación. Un ejemplo significativo que lo muestra todo es lo acontecido en el famoso “Juicio por la sangre contaminada de Götingen”, Alemania, en 1995-97. En este juicio el virólogo Stefan Lanka solicitó al tribunal que encontrara un solo científico que compareciera y aportara pruebas de que el virus VIH existía y era la causa del Sida y lo declarara bajo juramento. No sólo nadie compareció sino que los medios de comunicación nos ocultaron algo que debería haber destacado en la primera página de todos los periódicos.
La Hipótesis VIH-Sida se gestó a espaldas de la comunidad científica, se impuso mediante un claro abuso de autoridad y se ha mantenido hasta ahora por medios que no tienen nada que ver con la ciencia, como son la censura, las coacciones u otras formas de intimidación. En realidad, los métodos coercitivos y la censura son las únicas razones que explican porqué una peregrina teoría sin la menor base científica se ha mantenido vigente durante 25 años.

3- Razones de utilidad pública léase salud pública:

¿Qué podemos decir acerca de la utilidad de esta visión del virus? ¿Hay algún beneficio para la población desde el punto de vista sanitario? La respuesta es no, no hay beneficio sanitario, ¿Dónde está acaso la vacuna? ¿Dónde el tratamiento eficaz? Pero eso no es lo peor. A millones de personas en el mundo, muchos miles en España, se les ha venido comunicando que están infectados por un virus letal, en base al resultado de unos tests que nunca han sido validados o autentificados con la propia identificación del virus. Al no haberse visto nunca el virus, falla por tanto la primera condición para poder hablar de problema infeccioso, careciendo de sentido la idea tanto de una vacuna para prevenirlo, como la de un tratamiento para neutralizarlo. El resultado a efectos prácticos es que a la intoxicación psíquica causada por diagnósticos y pronósticos infundados, que hunden a muchas personas y les crean todo tipo de complicaciones en su vida, se añade la intoxicación física provocada por un innecesario y tóxico tratamiento.
No obstante, se alaba la eficacia del tratamiento, basándose en supuestos estudios que la avalan, cuando todo parece indicar que nunca han sido evaluados en estudios limpios “contra placebo”, es decir, estudios que demuestren simplemente que son mejores que no tomar nada.
Por otra parte, estudios hechos a principios de los 90 en “supervivientes de Sida de larga duración”, (personas que habían sobrevivido 5 años o más tras el diagnóstico de Sida), mostraron que la práctica totalidad de esas personas no usaba antivirales. Con respecto al llamado “cóctel antiviral”, se silencia el hecho de que existen en España al menos 70.000 personas, (aunque todo parece indicar que son muchas más), cifra que se desprende de los mismos datos oficiales, que se mantienen vivas y sanas durante 15 ó 20 años sin tomar antivirales.
Estamos ante una teoría sin base científica, impuesta mediante medios ilícitos, que no sólo es inútil sino que daña gravemente la salud y la vida de miles de personas.

4- Razones de índole social:

La visión del virus del sida crea pánico innecesario en la población, marginación social y xenofobia, envenenando las relaciones humanas más íntimas y vulnerando derechos elementales de las personas. La lista de problemas a los que deben hacer frente en su vida diaria las personas por causa de la etiqueta de VIH+ que arbitrariamente se les ha endosado, es larga: serios problemas psicológicos, (angustia, depresión, pérdida de expectativas vitales, suicidios), problemas en las relaciones de pareja, (es una de las causas más frecuentes de separaciones), laborales, con las compañías de seguros, en el medio sanitario, limitaciones a la hora de obtener permisos de entrada o de residencia en muchos países, etc.

5- Razones de carácter ético-legal:

Cuando se analiza la historia del sida desde sus comienzos se aprecia toda una serie de actuaciones irregulares e ilícitas, desde alarmismo y uso indebido de los medios para difundir hechos no contrastados, (a cargo de ciertas instituciones sanitarias americanas, en especial el CDC de Atlanta); apropiación indebida de descubrimientos ajenos, manipulación y tergiversación de datos, precipitación por móviles comerciales, todo ello a cargo del principal investigador del Sida, Robert Gallo; violación de los protocolos que deben regir la limpieza de los ensayos clínicos, (caso de la FDA en la aprobación del AZT, otras instituciones en la aprobación de la nevirapina); sobornos y donaciones millonarios (compañías farmacéuticas); los aspectos médicos y la mala práctica a la que se está dando lugar con esta teoría ocuparían un libro y en lo que toca a los medios de comunicación, centrados más en suscitar emociones como el miedo que en la difusión de datos y hechos contrastados, nos retrotraen a las agencias de propaganda del nazismo.
El sida sienta un peligrosísimo precedente, aceptarlo supone dar por buena la violación de la ética y normas más elementales que deben regir la actuación de investigadores, autoridades sanitarias, profesionales de la información, de la salud, compañías farmacéuticas, etc. ¿Qué deparará el futuro si se acepta todo este conjunto de sucias prácticas en un terreno tan sensible como el de la salud?

6- Razones de tipo humanitario.

El punto de vista del Sida infeccioso oculta la que sin ningún género de dudas constituye hoy día la principal causa de muertes por inmunodeficiencia adquirida en el mundo, la desnutrición, el hambre, resultado de la pobreza y de las desiguales políticas económicas. El Sida también sirve para ocultar los problemas reales y como cobertura para oscuras políticas de control de población.

7- Razones de índole económica.

Una visión sin base científica, impuesta mediante métodos ajenos a la ciencia, inútil, violadora de la ética y normas más elementales, violadora de derechos, perniciosa para la humanidad y que aun encima cuesta a los estados muchos cientos de millones de euros al año, para sufragar tratamientos inútiles, perjudiciales y caros. ¿Saben los ciudadanos lo que se paga a las farmacéuticas por el envenenamiento masivo, con la muerte incluida en muchos casos, de miles de personas a base de fármacos inútiles y tóxicos? ¿Es admisible, con una crisis económica como la que estamos viviendo, semejante despilfarro de fondos públicos para costear algo no sólo inútil sino perjudicial?

¿Qué enseñanzas podemos extraer de este trágico error?

Aun no creyendo que hubiera un intento deliberado de crear todo este daño, (el sida es el resultado de toda una cadena de circunstancias, errores y actuaciones ilícitas, del que muchos han sacado rápidamente beneficio, económico, político o de otro tipo), es innegable que hubo alarmismo y grave irresponsabilidad por parte de las autoridades sanitarias americanas, que arrastrarían a los demás países, mentiras, manipulación de datos y precipitación por móviles comerciales por parte de científicos nada escrupulosos, a lo que se sumaría luego toda una serie de irregularidades por parte de distintos estamentos, incluidos aquellos que deberían haber ejercido el control.
Pero si bien es cierto que hubo engaño y manipulación de la información, a la hora de que este rumor fuese rápidamente aceptado, todos hemos contribuido un poco, quizás por el hecho de que las víctimas eran en su mayoría mal vistas por la población, (drogadictos, homosexuales, etc.). Incluso muchas víctimas han colaborado, de un modo aunque solo fuera inconsciente, aceptando de un modo demasiado rápido esta visión, movidos en muchos casos por sentimientos de culpa y baja autoestima, ligados a condiciones como drogadicción o a una opción sexual mal asumida.
El fiasco del Sida debe servir para que tomemos conciencia de la situación de pobreza creciente que experimenta gran parte de la humanidad, resultado de injustas políticas económicas, lo que va a dar lugar a la desnutrición, el hambre, primera causa mundial de inmunodeficiencia hoy en día en el mundo.
Debe servir también para llamar la atención sobre el deterioro de la calidad de la alimentación y el aumento alarmante de elementos que estresan y socavan el sistema inmune, (tóxicos, radiaciones de todo tipo, etc.), junto con la crisis de una medicina ocupada en tratar los síntomas de las enfermedades y no sus causas, con el empleo de fármacos cada vez más tóxicos, desechando otras medidas terapéuticas que la experiencia consagra como eficaces e inocuas. La influencia excesiva de las multinacionales farmacéuticas en la salud, la falta de control sobre ellas y su poder casi ilimitado.
Nuestros propios prejuicios con respecto a las personas que optan por vivir su sexo de otra forma o con respecto a las personas de otra raza o color. Colectivos como los inmigrantes son vistos con gran desconfianza y otros grupos, como los toxicómanos o las personas en prisión, siguen siendo objeto de la mayor desatención y exclusión social. La visión del virus del Sida denota moralismo estrecho e intolerancia, que ataca a algo tan saludable y hermoso como el sexo, (y por tanto a la vida, que no existiría sin este instinto), aceptarla significa aceptar la hipocresía moral, la mentira, el abuso, el fraude, la censura, el negocio a costa de la salud millones de personas y un largo etcétera.
La mera existencia de este mito denigra a toda la sociedad, es hora ya de que asumamos el deber moral, que todos tenemos, de no colaborar a su mantenimiento por más tiempo.

“La vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen el mal,
sino por las que se sientan a ver lo que pasa”
(Albert Einstein)


¿Qué es Superando el Sida y qué fines persigue?

La asociación Superando el Sida, junto con otras asociaciones del estado español, se encuadra dentro de un movimiento mundial, que si bien minoritario cuenta ya con representación en casi todos los países y que se inspira en el llamado Grupo Internacional para la Reevaluación de la Hipótesis VIH-Sida, abreviadamente “Rethinking AIDS”, (es decir, repensar o replantear el Sida).
Superando el Sida aboga por el fin de la actual política sanitaria a nivel mundial con respecto al Sida. Esto incluye:
1) La información objetiva a la población sobre la naturaleza no infecciosa del sida, en orden a disipar el miedo y el alarmismo creado, así como a cortar de raíz la discriminación y xenofobia a la que se ha dado lugar.
2) La información a las personas a quienes se ha etiquetado de un modo arbitrario como “portadoras del VIH”, para que libres de la falsa idea de estar infectados por ningún virus VIH o de la posibilidad de poder contagiarlo a otras personas, recuperen su vida normal en todos los aspectos.
3) La prohibición de la realización a las personas de los mal llamados tests de VIH. El biólogo molecular Harvey Byaly sugiere que, como una medida precautoria, puede reservarse momentáneamente su uso en las transfusiones sanguíneas, rechazando la sangre que resulte positiva, por cuanto supone un indicador de estrés inmune que puede correlacionar con un estrés tóxico, infeccioso, nutricional o bien con ciertos disturbios inmunológicos, (enfermedades autoinmunes por ejemplo), pero no usarlo ya como diagnóstico de infección por virus VIH.
4) La suspensión de la administración a las personas consideradas erróneamente como infectadas de todo tipo de fármaco cuyo uso, desde el punto de vista médico, no esté justificado, en especial los fármacos llamados antivirales, (en su mayoría fármacos de quimioterapia del cáncer) y las antibioterapias preventivas de larga duración. Estas medidas se deben acompañar con la introducción de los cuidados básicos necesarios, en especial una buena nutrición y desintoxicación.
5) La excarcelación, a la mayor brevedad posible, de todas aquellas personas, con graves problemas de salud, que viven esta situación en prisión.
6) La indemnización a las víctimas o a sus familias, caso de fallecimiento, tanto por los falsos diagnósticos y males de ellos derivados, como por las secuelas derivadas de los tratamientos tóxicos.

¿Qué es la inmunodeficiencia adquirida y cuáles son sus causas?

La inmunodeficiencia adquirida, (al igual que la inmunodeficiencia congénita), figura desde antiguo en los textos de medicina, desde décadas como mínimo antes de surgir la idea del Sida infeccioso, para comprobarlo no hay más que consultar textos de Medicina anteriores a l984.
El modo como se pone de manifiesto que una persona tiene inmunodeficiencia, (sea del tipo que sea), es que la persona va a tener infecciones, frecuentes o graves, según el grado de inmunodeficiencia.
Pues bien, se puede decir en líneas generales que todo aquello que debilite de modo importante nuestro organismo en general, o cualquier órgano vital en particular, va a dar como resultado una disminución de nuestra capacidad para combatir las infecciones. Así, los médicos han visto que la presencia de infecciones, (que es el modo de manifestarse la inmunodeficiencia), es algo frecuente en una serie de enfermedades, por ejemplo, en personas con diabetes, a con anemia importante, o con problemas crónicos de hígado o riñón, en enfermos de tiroides, así como en otras muchas situaciones.
Las causas que producen de un modo u otro un debilitamiento de nuestra capacidad para combatir las infecciones son innumerables y van desde el mero agotamiento físico hasta las radiaciones, todas ellas van a provocar, en mayor o menor grado, una mayor facilidad para las infecciones.
Ahora bien, en la mayoría de las ocasiones la presencia de una infección no tiene porqué significar que haya inmunodeficiencia, para que se dé una clara inmunodeficiencia son necesarias una o varias causas actuando durante mucho tiempo, hasta que se llega al colapso o fracaso del sistema inmune.

Estas son algunas de las causas más notorias y conocidas.

La desnutrición
La desnutrición, el hambre, es con mucho la principal causa de inmunodeficiencia adquirida actualmente en el mundo, la que más muertes provoca por inmunodeficiencia en personas de todas las edades. Si nos paramos un poco a pensar, a ver en qué zonas o áreas geográficas del globo se da la mayor cantidad y variedad de enfermedades infecciosas, a todos nos viene a la cabeza lugares donde el hambre, la pobreza y las guerras son moneda corriente.
La infección y la desnutrición, según la literatura médica, van siempre juntas y cada una agrava a la otra.
Enfermedades comunes como el sarampión o la tuberculosis, o problemas como una simple diarrea, que prácticamente ya no constituyen ninguna amenaza para nosotros, causan una gran mortalidad en zonas de hambre endémica.
Hay un tipo de enfermedad que todo el mundo relaciona con el Sida-VIH, que se conoce con el nombre de neumonía por neumocistis carini, esta neumonía ya era conocida desde antiguo, los médicos la habían visto, entre otras situaciones, en niños muy desnutridos, (la padecieron por ejemplo los niños judíos del “guetto” de Varsovia en la Segunda Guerra Mundial).
Las personas que consumen habitualmente drogas como heroína, cocaína, crack, anfetaminas y por supuesto los alcohólicos, a menudo sufren importante desnutrición y por tanto inmunodeficiencia.
Drogas
Se conoce desde antiguo el papel debilitante de la inmunidad de numerosas drogas, habiéndose visto una mayor frecuencia de infecciones, prácticamente de todo tipo, en personas con dependencia a heroína, cocaína, crack, anfetaminas y alcohol.
Otra droga, de uso más reciente y que merece una consideración especial por sus devastadores efectos sobre el sistema inmunitario, son los “poppers”, de uso prácticamente exclusivo en ambientes “gays”.
Heroína.- Publicaciones médicas que datan ya de 1909, refieren estos síntomas en usuarios de opiáceos intravenosos:“Adelgazamiento, sudores nocturnos, propensión a infecciones bucales, propensión a tuberculosis, endocarditis,…”
Estudios más actuales en usuarios de heroína “seronegativos” revelan que tanto sus recuentos de T4, como las cifras totales de glóbulos blancos, están a menudo muy por debajo de lo normal, al igual que sucede con los usuarios “seropositivos”, lo que demuestra que la heroína, por sí misma, produce inmunodeficiencia.
Además, a menudo la inyección de heroína no es estéril, lo que conlleva la posibilidad de septicemia, (infección de la sangre), y otras infecciones como hepatitis, infección por citomegalovirus, etc.
A todo ello se suma el efecto sobre la inmunidad jugado por un sinnúmero de sustancias con las que se rebaja o “corta” la heroína, cuya pureza generalmente no llega ni al 5%.
Cocaína y crack.- Problemas como fiebre, adelgazamiento y propensión a problemas pulmonares, (bronquitis, neumonía, tuberculosis), se ven a menudo en consumidores asiduos de estas sustancias.
Anfetaminas y derivados como la metanfetamina, (“cristal”, “speed”).- Afectan a la nutrición y al descanso, causan estrés y provocan agotamiento físico.
Consumo abusivo de alcohol.- Es conocido desde antiguo que los enfermos de cirrosis alcohólica tienen infecciones con más facilidad.
Por otra parte, el alcohólico sufre desnutrición crónica con graves carencias vitamínicas, sobre todo ácido fólico y B12, (el alcohol interfiere su absorción), necesarias para la maduración de las células sanguíneas, es por ello que a menudo tienen disminución de todos los tipos de glóbulos blancos.
En 1986 el prestigioso Journal of the Medical Association informó sobre estas disminuciones de góbulos blancos, incluidos los T4, en los alcohólicos. El artículo concluía diciendo que, por diversas razones, (evidentemente se refería al abuso y no al consumo moderado), “el alcohol debe ser considerado como una droga inmunosupresora”, (palabra esta que lo dice todo).
Bebés nacidos de madres adictas a heroína, o crack, o anfetaminas o alcohol.- Se deben incluir obligadamente dentro de este apartado de exposición a causas tóxicas o drogas por razones obvias, ya que no tiene nada de extraño que estos niños tengan inmunodeficiencia, entre otros problemas, si fueron expuestos durante meses en el vientre materno a estos tóxicos que la provocan.
“Poppers”.- Son líquidos volátiles, cuya composición química son nitritos, (de amilo, de butilo, etc.), usados como afrodisiacos sobre todo en ambientes “gays”.
Inhalados antes de las relaciones, relajan la musculatura anal, aliviando la sensación dolorosa, facilitando con ello la penetración anal y prolongando el orgasmo.
Los nitritos son agentes oxidantes muy poderosos que reaccionan con muchas moléculas de nuestro organismo, incluso el agua, de ahí que sean de las sustancias que han sido más estudiadas por sus efectos cancerígenos, siendo además muy debilitantes de la inmunidad.
El uso de “poppers” entre gays alcanzó proporciones epidémicas a principio de los años 80 en los EE UU coincidiendo con los principios de la era del Sida, de hecho, los primeros 5 casos de la historia del Sida, es decir, los que están considerados como los 5 primeros enfermos de Sida de la historia, eran todos consumidores asiduos de estos tóxicos.
Medicamentos
En cuanto a los medicamentos que pueden producir inmunodeficiencia, hay que decir que son muchos los fármacos cuyo uso más o menos prolongado pueden provocarla de una u otra forma, nosotros destacaremos algunos entre ellos, como los fármacos de quimioterapia del cáncer, el uso prolongado de corticoides (derivados de la cortisona) y los antibióticos, (algunos en especial).
Fármacos de quimioterapia de cáncer.- Este tipo de fármacos figuran desde muy antiguo como una de las causas más importantes de inmunodeficiencia. Al igual que las radiaciones ionizantes que hemos mencionado, los fármacos de quimioterapia de cáncer, también llamados citotóxicos, (es decir, venenos o tóxicos celulares), afectan a la producción de todos los tipos de células sanguíneas, tanto glóbulos rojos, como plaquetas y glóbulos blancos o leucocitos, recordemos que estos últimos, entre los que están los linfocitos T4 ó CD4, son las células de la inmunidad. La neumonía por neumocistis y el sarcoma de Kaposi, ya eran conocidos desde antes de la era del Sida, ya que eran relativamente frecuentes en los enfermos de cáncer que recibían quimioterapia.
Se sabe también que son mutágenos, es decir, que pueden provocar cánceres, así como es sabido que afectan de manera especial a los tejidos del embrión en formación, pudiendo provocar malformaciones. Es debido precisamente a su gran toxicidad por lo que se usan en los enfermos de cáncer por períodos muy cortos.
Es muy importante aclarar que la mayoría de los fármacos que se dan por tiempo indefinido a las personas consideradas seropositivas para combatir al invisible VIH, (embarazadas y niños incluidos), es decir, la mayoría de los fármacos llamados “antivirales”, son fármacos de esta clase.
El AZT, también llamado Zidovudina, (el tristemente célebre Retrovir), en un fármaco que se investigó en los años 60 del siglo pasado para ver su posible utilidad en el cáncer, pero su elevada toxicidad hizo que se dejara de lado. Sorprendentemente, 20 años más tarde sería rescatado del baúl y tras un ensayo clínico, que hoy sabemos que fue fraudulento, fue aprobado por la FDA, (organismo de los EE UU encargado de la aprobación de alimentos y medicamentos), para su uso por tiempo indefinido en los enfermos de Sida. Es decir, lo que no servía siquiera para usarse por períodos cortos en los enfermos de cáncer, porque era demasido tóxico, fue aprobado 20 años más tarde para su uso indefinido en los enfermos de Sida. Este fármaco, la droga más tóxica que se aprobó jamás para consumo humano a largo plazo, se estuvo dando a miles de personas, a unas dosis muy altas, durante años. Entre los argumentos más utilizados para justificar esta aberración estaba el de “total, se iban a morir”.
El AZT se sigue utilizando, a menos dosis y combinado con otros tóxicos de la misma familia, (Ddc, Ddi, 3Tc, D4t, etc). El llamado “cóctel antivírico”, también llamado HAART, iniciales que corresponden a “tratamientos de alta eficacia”, (lo que no deja de ser una ironía), consta de dos fármacos de la familia del AZT más un llamado “inhibidor de proteasas”.
Todos estos fármacos carecen de estudios previos “contra placebo”, (es decir, estudios que demuestren que son mejores que no tomar nada), y al no haber estudios previos sobre su beneficio, con quien se experimenta directamente es con las personas, (de nuevo el argumento de “total, se van a morir”).
Uso prolongado o intensivo de antibióticos.- Es conocido desde hace décadas por su poder debilitante de la inmunidad. Entre otros efectos los antibióticos destruyen la llamada flora intestinal, una gran cantidad de microorganismos beneficiosos que todos albergamos en nuestro intestino y que constituye una poderosa barrera contra los gérmenes.
Hay ciertos antibióticos que producen además una importante reducción de ciertas vitaminas, (ácido fólico, la vitamina B12, por ejemplo), que son necesarias para la producción y maduración de los leucocitos o glóbulos blancos, con la correspondiente disminución de todos los tipos de ellos, tal es el caso del Septrim por ejemplo.
Nunca se usaron los antibióticos para prevenir infecciones, sino para tratarlas cuando las hay, sin embargo la era del Sida inauguró la costumbre de dar antibióticos durante semanas y meses para “prevenir” infecciones, como la neumonía por carini, con la excusa de que los linfocitos T4 ó CD4 están bajos, sin tener en cuenta que el uso prolongado de estos antibióticos, como el Septrim, reduce todos los tipos de glóbulos blancos y dispara la aparición de infecciones oportunistas, entre ellas la candidiasis.
Tratamientos prolongados a base de corticoides, (derivados de la cortisona).- Son conocidos desde antiguo también por su capacidad de mermar la inmunidad y facilitar las infecciones oportunistas, incluso la famosa neumonía por n. carini ha sido vista tras su uso prolongado.
Infecciones
Hemos visto que la inmunodeficiencia provoca una mayor presencia de infecciones, pero las mismas infecciones, en especial las víricas, debilitan a su vez la inmunidad.
Transfusiones de sangre y derivados
Se sabe desde hace décadas que las transfusiones de sangre y derivados debilitan la inmunidad, antes de la era del Sida ya era un hecho conocido que las personas que recibían transfusiones sanguíneas desarrollaban con frecuencia neumonías.
En cuanto a los hemofílicos, que deben recibir periódicamente transfusiones de ciertos derivados sanguíneos, siempre fue un hecho conocido que desarrollan infecciones con frecuencia y que su expectativa de vida, aunque ha aumentado con los años, es menor que la del resto de la población.
Factores físicos como las radiaciones ionizantes
Neumonías por neumocistis y sarcomas de Kaposi, típicas enfermedades que se identifica con el Sida, ya habían sido observados hace muchos años en personas que recibían radioterapia contra el cáncer.
Factores psicológicos
Es algo sabido y conocido que emociones sostenidas como la ansiedad, el miedo, la depresión y el estrés pueden influir poderosamente en nuestra salud y provocar distintos grados de inmunodeficiencia, quizás una de las razones sea el aumento en nuestro organismo del cortisol, (hormona similar en sus efectos a la cortisona), que se produce en estas situaciones.
Son conocidos los riesgos de enfermar que tienen las personas poco tiempo después de sucesos muy estresantes, (que se lo pregunten a las compañías de seguros), como fallecimiento de un cónyuge o familiar directo, (padre, madre, hijo), separaciones, conflictos, graves pérdidas económicas, etc.
Por otra parte hay hechos que prueban que aquello que creemos, o lo que esperamos que suceda, puede llegar a tener consecuencias fatales para nuestra salud:
- lo que se llama “muerte vudú” es la muerte que se produce en horas o días, después de ser maldecidos por el chamán, en personas de ciertos ámbitos culturales donde todos los miembros comparten la firme creencia en el poder del chamán.
- idéntico fenómeno se produce en nuestra sociedad moderna, donde la creencia en la ciencia y la medicina se ha convertido en un dogma de fe y la función del chamán es ejercida por doctores. Se ha visto que personas sanas, a las que por error les dicen que tienen cáncer, llegan a morirse en meses.
- y para acontecimientos traumatizantes, uno en especial de efectos devastadores que te resultará familiar, un señor en bata blanca que dice, mientras mira un papel, “Verá, es usted seropositivo”.
De ahí que la mejor vacuna contra las creencias nefastas, como el mito del virus del Sida, sea una buena dosis de información objetiva y sensata, como la que estás leyendo, la cual debe ser leída y releída las veces que haga falta, masticada, digerida y asimilada.

Como hemos visto, ya antes de que surgiera la idea de un virus que provoca inmunodeficiencia, ya eran conocidas por la medicina numerosas causas que la provocaban, (sólo hemos citado aquí unas cuantas), sin embargo, con la entrada en escena del VIH no sólo se han relegado al olvido estas causas, sino que incluso se pretende presentarnos la inmunodeficiencia adquirida como si fuese un fenómeno nuevo, nunca visto antes, (de ahí el ampuloso nombre de Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida para designar a la supuesta enfermedad causada por el VIH). Es como si los doctores hubieran sufrido un ataque de amnesia repentina con respecto a las viejas causas que provocan inmunodeficiencia, algo incomprensible ya que incluso admitiendo que el virus VIH existiese y tuviera esas capacidades que dicen, esas viejas causas serían siempre problemas agravantes que sería preciso corregir.
En realidad estas causas que hemos mencionado son los auténticos “factores de riesgo” que se deben evitar para prevenir o curar la inmunodeficiencia, (no existe prácticamente ninguna inmunodeficiencia grave donde no esté presente alguna de estas causas, solas o combinadas).

¿Es lo mismo Sida que inmunodeficiencia adquirida?

Se nos ha dicho que Sida significa inmunodeficiencia adquirida, por lo tanto decir Sida y decir inmunodeficiencia adquirida debería ser lo mismo, sin embargo hay enormes diferencias entre una cosa y otra, (como ya habrás notado), y aunque el Sida tiene algo que ver sin duda con la inmunodeficiencia, lo que tiene que ver no es tanto como se piensa, (ni por causa de lo que se piensa, evidentemente).
Como ya hemos visto, la inmunodeficiencia adquirida es algo viejo y conocido por la medicina desde muchos años antes de que se creara la palabra Sida, (la cual se crea en 1982 en los EE UU, a raíz de la aparición en gays de ciertos problemas), en cambio, la idea del Sida, es decir, la idea de un virus que causa inmunodeficiencia, es algo muy novedoso al mismo tiempo extraño, de hecho ha necesitado de un gran derroche de medios publicitarios para que la gente llegara a entenderla.
Por otra parte, mientras la inmunodeficiencia adquirida es un fenómeno muy amplio que se sabe con certeza que lo producen muchas causas, el Sida es una visión muy particular de la inmunodeficiencia, que atribuye su causa única y exclusivamente a un virus, olvidándose del resto.
Pero hay más, la práctica totalidad de las personas que tienen inmunodeficiencia adquirida en el mundo no están catalogadas como “enfermas de Sida”, ni pertenecen siquiera a los llamados “grupos o prácticas de riesgo del Sida”, (pensemos en los desnutridos del mundo o simplemente en los alcohólicos). Al mismo tiempo, hay personas catalogadas por la medicina como “enfermas de Sida” que no tienen rastro de inmunodeficiencia y lo mismo sucede en la inmensa mayoría de los supuestos infectados al cabo de 15-20 años como mínimo, (y sin ninguna necesidad de tomar antivirales).
Pero para entender mejor qué es lo que tiene de inmunodeficiencia el Sida, debemos antes entender cómo se hace para catalogar a una persona como “enferma de Sida”, la cosa es bien simple:
Los expertos oficiales del Sida han elaborado una lista con 30 enfermedades, (con la particularidad de que ninguna de ellas nueva y que todas ellas se presentan tanto en personas seropositivas como en seronegativas), pues bien, una persona es considerada enferma de Sida o que tiene Sida, si ha resultado positiva en el mal llamado test de VIH y desarrolla alguna de esas enfermedades, caso que resulte negativa, no. Ejemplos:
Tuberculosis + test de VIH positivo = enfermo de Sida.
Tuberculosis + test de VIH negativo= enfermo de tuberculosis.
Neumonía + test de VIH positivo = enfermo de Sida.
Neumonía + test de VIH negativo= enfermo de neumonía.
Es decir, lo que decide si un problema determinado es o no es Sida, es el test de VIH positivo, a pesar de que, como hemos visto antes, no existe ninguna prueba que indique que el haber dado positivo en ese test sea indicio de nada patológico, presente o futuro, (de hecho ya dijimos que el valor de este test a efectos prácticos es como tener o no caspa en el pelo). Pero al mismo tiempo, desarrollar cualquiera de las enfermedades de esa lista, salvo contadas excepciones, no tiene porqué indicar que se tenga inmunodeficiencia, pues aunque esa lista incluye enfermedades en las que lo más probable es que haya inmunodeficiencia, (por ejemplo, la neumonía por neumocistis carini), también incluye otras, (adelgazamiento, diarrea, demencia, sarcoma de Kaposi, tuberculosis, candidiasis, tener menos de 200 CD4, etc.), cuya existencia no tiene porqué implicar inmunodeficiencia, es decir, puede haberla o no.
Pero existe indudablemente una inmunodeficiencia muy clara ligada al Sida: la que los médicos van a provocar a la persona etiquetada de “seropositiva”, con sus tratamientos sobre todo, con la excusa de que esa persona tiene un virus que es preciso combatir.

¿Cómo sabemos si una persona tiene inmunodeficiencia? ¿Son los T4 las defensas?

En general la inmunodeficiencia se pone de manifiesto por el grado o frecuencia de infecciones aunque, como ya dijimos antes, la presencia de infecciones no implica, en la mayoría de los casos, la existencia de un déficit inmunitario.
La forma de la que se vale el organismo para defenderse de las infecciones no es algo simple, pues intervienen barreras físicas, químicas, fenómenos hormonales, etc., no sólo el sistema inmunológico. Por otro lado, el sistema inmunológico, constituido por los leucocitos, incluye una gran diversidad de ellos con variedad de funciones.
Los linfocitos, un tipo de leucocitos, incluyen a su vez dos grandes grupos, los T y los B. A su vez los linfocitos T incluyen distintas variedades, entre ellos los T4 ó CD4. Como puedes ver, la cosa es lo bastante complicada como para que pretendamos reducir el sistema inmune a un solo tipo de células como los T4. Pues bien, otra práctica que se inició con la “Era del Sida” fue la de considerar los linfocitos T4 como sinónimo de “las defensas”, como si fuera el depósito de la gasolina, olvidándose del resto de los glóbulos blancos, cuando al fin y al cabo los T4 son tan solo una fracción muy pequeña del sistema inmune, incluso este es una parte de las defensas.(lo de los helper).
Esto es así porque la teoría del VIH elaborada por Robert Gallo, (virólogo y alto cargo en su día en el Instituto Nacional del Cáncer de los EE UU y de cuyas andanzas ya hablaremos), afirmaba que el blanco contra el que se dirigía el ataque del virus eran los linfocitos T, de ahí que la disminución de este tipo de linfocitos se convirtió en “el signo característico de la infección por el VIH”. Como se creía que sólo se daban estos descensos de T4 en los “infectados por el VIH”, solo a los “seropositivos” se les medían los T4, (hecho que motivó que más de uno se preguntase, “¿Porqué, si los T4 son tan importantes, no se los miden a su madre?”).
Pero a medida que se han ido haciendo estudios en la población general para ver cómo andaban de linfocitos T4, se ha visto que las disminuciones de T4 son bastante frecuentes en las personas no seropositivas y parecen presentarse más a menudo en algunas circunstancias.
Circunstancias en que los linfocitos T4 ó CD4 están bajos en personas no etiquetadas de seropositivas:
- Una gran variedad de enfermedades víricas.
- Infecciones bacterianas.
- Infecciones parasitarias.
- Sepsis, (infección de la sangre), shock séptico, (colapso circulatorio de causa infecciosa).
- Fallo múltiple de órganos y sistemas.
- Tuberculosis.
- Quemaduras.
- Traumatismos.
- Transfusiones.
- Malnutrición.
- Sobre-ejercicio.
- Embarazo.
- Variación diaria normal.
- Estrés psicológico.
- Aislamiento social.
- Alcoholismo.
De todos modos, visto lo poco que se sabe aún sobre los T4 y sin negar que estos tengan su importancia, lo más sensato sería no atribuirles ese valor absoluto que se les atribuye, mientras no sepamos más sobre la materia.
Una forma quizás más fiable y segura de valorar el sistema inmune sería la determinación de la cifra total de glóbulos blancos.

¿Es curable la inmunodeficiencia adquirida?

Aunque el problema de la inmunodeficiencia adquirida es algo mucho más amplio y extendido de lo que se piensa, (mucho más desde luego que la inexistente “pandemia de Sida”), si repasamos lo que la ciencia médica conoce sobre ella, nada hace pensar que sea un problema sin solución.
Es de sentido común que si este problema obedece a determinadas causas, será solucionable en la medida en que se corrijan sus causas, algo que se ve corroborado en la práctica por los hechos.

¿Es contagiosa la inmunodeficiencia adquirida?

¿Crees que podrías regalarle a alguien 50 millones de euros si no los tienes? Entonces mal vas a poder transmitirle a nadie algo que jamás se ha visto en ningún ser humano, la inmunodeficiencia adquirida no es un problema contagioso, al igual que no lo es el cáncer ni la cirrosis etílica.

¿Qué pasa entonces con las llamadas “medidas preventivas del Sida”?

En cuanto al uso del preservativo, tan cacareado, sólo cabe decir que si para una cosa no debe usarse es precisamente para prevenir ningún Sida, debiéndose usar para lo que siempre se usó, evitar embarazos no deseados y evitar enfermedades de transmisión sexual en aquellas personas muy promiscuas, otra razón adicional, tal como están ahora las leyes, es evitar demandas judiciales, (la relación de una persona “seropositiva”, sin preservativo y sin manifestar esta supuesta condición, está considerado un hecho delictivo).
Sí es preciso insistir en cambio en que el hecho de que el Sida no sea un problema infeccioso no le quita ninguna validez al uso de jeringas estériles por parte de las personas que usan drogas intravenosas, y esta no es una recomendación hecha a la ligera, el uso de jeringas limpias evita el paso, de unas persona a otras, de todo tipo de gérmenes, (sean hongos, bacterias o virus). Esto ya era algo muy conocido antes de la era del Sida, de hecho y por poner un ejemplo, ya en el año 1974, es decir, diez años antes de que entrara en escena el VIH, en Ámsterdam ya se llevaban a cabo programas de reparto de jeringas estériles entre usuarios de drogas intravenosas, para prevenir sobre sobre todo las hepatitis.